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CAPUCHINO O EXPRÉS

CAPUCHINO O EXPRÉS


Suavemente embebido en la lectura, las horas de la tarde caían tendidas y mis ojos reposaban sobre las líneas de un libro, que obtenía recordando los hechos de la mente, que en términos de los hermanos Zubiría es muy familiar, “Los mentefacto”; me alistaba a interpretar su introducción y su epilogo; recuerdo que referenciaban lo que sus padres le enseñaron a una campesina, no robar, no matar y si más no recuerdo, trabajar; escasamente esa campesina aprendió a escribir y a leer, para algunos era lo mas fácil, esas habilidades son complejas.

Esa lectura me hizo pensar en lo trascendental, en mí surgieron muchos interrogantes sobre la campesina, pero algo me detenía viendo que las horas se esfumaban, recordé que la mejor manera de pintar la tarde de mil colores, disfrutar de ella y tener la certeza que era mi tarde de todas las tardes, era llamar y saber la distancia de Bella que tiene mañanas, tardes y noches; sin prisa, pero preocupado, preferí hacerlo, siendo la respuesta de mi decisión, con quién y algo más; se creo la incertidumbre pero el humor también era un ingrediente que circulaba a la espera de esa mujer, Bella. Parece que mi intranquilidad cesó, cuando aparece suavemente como mi lectura, con su voz melodiosa, anunciando aquí estamos los dos; sin ponernos de acuerdo empiezan a fluir los temas, con la diversidad de siempre, escuchar y hablar, algo más con la tarea dulce de pensar, de silenciarnos, mirarnos el uno al otro, deducir, inferir, hasta adivinar en las palabras la sonrisa del alma, es común que en medio del paraíso de la palabra se introduzca algún ingrediente para deleitar más el momento; haciendo señas le informé a una joven que Bella tenía en su preferencia algo que pedir, Bella que acostumbra a vestirse de capuchino como unos de los sabores que más deleita, sin dejar de pensar en cada unos de sus espacios su preferible café doble.

Esa tarde está precedida de enmarcar la novedad, sus ojos brillaron como nunca, su sonrisa llena de picardía, sus labios se movían de un lado a otro, quise adivinar, pero no entendía que los gustos diferentes de los que he asimilado empezaban a cambiar; el tiempo transcurrió en nociones de segundo ante el listado sugerido por quienes atienden los exquisitos cafés; circularon nombres de nombres, Bella revisó sin proponérselo y prefirió tomar la determinación última, irremplazable, con voz suave, segura, tierna, algo parecido como cuando pronuncia su capuchino, manifestó al fin y al cabo del listado en mención, a mí me das un café exprés. Las palabras seguían su rumbo formando frases que ponían a pensar la tarde; luego aparece ante la mesa que sirve de escenario ante las confesiones de la tarde hecha noche, un diminuto pocillo rodeado de ingredientes que adornaban la novedad, todo era curioso ante la majestuosidad del capuchino y del café de siempre; el exprés fue tomado con la curiosidad de nunca, Bella empezó a confesarse ante él, lo acompaño de sus ingredientes, lo miraba de un lado, lo armó, lo desarmaba, lo hacia más pequeño entre sus manos; el exprés se convirtió en un ritual de la tarde, mientras con mucho disimulo, yo lleno de tranquilidad observaba los movimientos que surgían de aquel exprés que sin mediar palabras sin saber, sin sabor porque no era mío, pude disfrutar con alegría, convertir el exprés de hoy y para siempre en la novedad de mis dulces días, sin olvidarme nunca del capuchino de Bella, la mujer.

HUCASME
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About hugo castillo

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