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DEUDA CON ENFERMO NO SE PAGA

DEUDA CON ENFERMO NO SE PAGA


Es común escuchar a  la gente en la definición del calendario Bristol que el año empieza  a terminarse cuando llegan los meses que terminan en “bre”, negando de esta forma la relatividad de las cosas, dado que el año empieza a terminarse desde el mismo momento en que empieza; pero, en este caso lo que importa para muchos de mis vecinos es lo que pasa en el mes de septiembre, lo cual resumo en ese bello lugar que surgió como una sabana larga y que hoy todos conocemos como Sabanalarga, ese lugar del planeta bastante soleado, con una vegetación espesa y una arena que quema mis pies cuando la recuerdo descalzo. Todo ese lugar de mi departamento me hace recordar lo insólito de la gente, pero también lo ingenuo que son mis vecinos.


Septiembre llego cargado de expectativas y de añoranzas, por quienes ven en las fiestas de Las Mercedes, patrona de ese pueblo, la posibilidad  de recrearse, enamorarse y bailar con lo jugoso que muestran esos días festivos. Divertirse para la gente de ese pueblo bello es hacer de las festividades un entramado, un encanto de vida, una tertulia de ilusiones; para Narciso en cambio, quien nunca quiso mirarse en las aguas para verse divino, era otra cosa; este era otro Narciso quien no dejaba de pensar que al llegar Las Mercedes era el mejor espacio para hacer planes sobre cómo divertirse desde el principio hasta el fin acompañado desde luego de su amigo Germán  y que, a manera de resumen, era bailar hasta el amanecer, embriagarse de cuerpo y alma y conquistar corazoncitos callejeros que no dejaban de transitar de un lado a otro pescando al calor de los días.

La situación de Narciso y de su amigo Germán consistía en llevar a cabo su proyecto y conseguir lo acometido, más bien era calcular cómo divertirse en las fiestas de Las Mercedes; no obstante, los amigos empezaron a pensar y se hicieron las siguientes preguntas: ¿Qué es de nosotros cuando toda la gente se cambia de ropa, camisa, pantalón y hasta lo mas intimo?, al igual sucede en las mujeres, en niños y ancianos, son camisas, pantalones, trajes, moños de todos los colores formando de esta manera un carnaval religioso por tratarse de  Las Mercedes. Ante toda esta situación nosotros qué pensamos, ¿nos divertimos o lo demás lo arreglamos en el camino? Al parecer Narciso aparecía como el estratega y Germán, su amigo, como su apoyo moral. La inquietud que asalta a Narciso es cuando Germán le pregunta ¿divertirnos de principio hasta el fin y de dónde va a salir la plata? Narciso sin mediar muchas palabras le dijo a  su amigo: “las cosas por acá están un poco mal, lo que tengo solo alcanza para media”, que en términos bohemios no es mas que media botella de ron, “pero lo que verdaderamente falta es la plata para la caseta, las picaditas y algo para los corazoncitos callejeros si aparecen”; pero de dónde le preguntó Germán, “de donde mas que de la deuda que me tiene el maestro Bilbao, no sabes tú que me debe diez mil pesos y que antes de Las Mercedes me lo cancelaría, si no más recuerdo ese trato lo hizo faltando mes y medio para la fiesta y que mejor momento que este para darle cumplimiento al plazo fijado entre los dos”.

Germán se sobresaltó, mirando fijamente a Narciso le dijo: “no es que yo sea pesimista, pero conociendo al maestro Bilbao la cosa es para mi un poco pesada; sabes una cosa, Narciso, que tenemos que diseñar nuestra propia estrategia dado que el maestro Bilbao estoy seguro que tiene la suya para no pagarte”. Los dos, sin proponérselo, como si fuera en coro manifestaron entonces “manos a la obra”. El tiempo transcurrió y los dos amigos se sentaron y definieron lo siguiente: “Narciso, como tu eres el que vas a cobrar”, dijo Germán, “tienes que ponerte serio al llegar a la casa del maestro Bilbao, cuando el te hable no te rías, ni una pizca de risa, tu sabes que el es muy hábil”. Germán insistió en seguir haciendo recomendaciones, “si el maestro Bilbao te dice que te sientes no te sientes porque así empezamos a perder, si te cambia la conversación no se la cambies, enrúmbalo siempre por la nuestra, la de los diez mil pesos, tienes que llevar en mente que ahora o nunca como dijo Evaristo Sourdis, nuestro paisano aunque se ahogó, eso espero de ti, Narciso, no te dejes ahogar por el maestro Bilbao porque así estamos perdidos de calle, no dejes de ver sus movimientos”, le insistía Germán. “Mira, Narciso, si te brinda agua dile que no tienes sed, es mas llévate una botella con agua porque la partida para casa del maestro Bilbao es muy distante y el sol esta muy caliente”.

Todo indicaba que Narciso había aprendido la lección y revisaba de un lado a otro como si a su alcance estuviera el maestro Bilbao tratándolo de convencer, el plan había terminado por ese día y solo se aspiraba al amanecer como víspera de las fiestas esperadas por todos. Así fue, se encontraron en la plaza principal, al fondo está una iglesia majestuosa con la Virgen de Las Mercedes a bordo; para Narciso y Germán la religiosidad estaba presente y acordaron que Germán visitara  a la Virgen y le hiciera el milagrito de los diez mil pesos y de paso desarmara la resistencia y habilidad del maestro Bilbao. Después de salir de la ayuda ritual, Narciso se despidió de su amigo y salió rumbo a la casa del maestro Bilbao; en el camino luchaba con la dificultad de la arena bajo un sol fatigante, con unos árboles quietos que no respiraban ni una migaja de sombra y para complemento, ni manera, un Willy acreditado como el taxi de su pueblo.

Todos ellos eran concientes de los cálculos económicos, por eso había que llegar a pie a casa del maestro Bilbao. Después de haber caminado tantos metros de agonía convertidos en kilómetros, kilómetros de desesperación, de proyectos y metas a conseguir, llegó Narciso y le tocó la puerta al resistente deudor; sin dudar, el maestro Bilbao, ante la presencia de Narciso, exclamó: “hijo mío, qué te trae, bendita sea tu visita”. Narciso bajó la cabeza, pero al mismo tiempo recordó las recomendaciones de su amigo y le dijo: “mire maestro yo vengo a lo que vengo”, y éste le dijo “siéntate esta es tu casa”, Narciso se resistió pero al final accedió a sentarse en una vieja butaca que al tomar contacto con ella embrujaba a cualquier cobrador enfurecido; Bilbao diestro en estas andanzas del fiar y cobrar le manifestó a Narciso, “mijo, te veo agotado, acelerado, ¿te puedo ayudar en algo?, a veces pienso que me gustaría un hijo como tú”. Narciso enojado le contestó: “yo se quien es mi papa, así que yo vine fue a lo que vine, ese cuento de usted está muy largo, me puso un plazo y ahora tiene que cumplirlo, es ahora que me tiene que pagar”; “mire, hijo mío”, contestó, “acaso yo te he dicho que no te voy a pagar, yo quiero que comprendas que de parte mía existe toda la voluntad y yo entiendo que tú como joven necesitas que te pague, Narciso, mírame a los ojos, mírame, ahora quiero que mires al fondo, te pregunto ¿acaso no llegas a observar un lienzo largo atravesado por dos tablas en forma de tijeras?, tu sabes que es una cama de lienzo, no te preguntas qué hay dentro de ella, bueno, yo te voy a decir, en esa cama reposa una figura esquelética en medio de los años atropellado por el trajín de la vida, esa figura es mi madre que se está muriendo, ¿acaso tu no sientes lastima?, ¿no escuchas su respiración entrecortada?, ella ha sido mi angustia, ¿te convences de por qué no te puedo pagar?, Narciso, se trata de mi madre, ¿tu que harías?”.

Narciso, un poco tembloroso empezó a sollozar y lentamente sacó de su bolsillo trasero un pañuelo y una cartera un poco desgastada, simultáneamente, le entregó su único dinero, un billete de dos mil pesos que portaba preestablecido para el disfrute de Las Mercedes. En medio de su ingenuidad, el estado de animo de Narciso empezó a decaer diciéndole al maestro Bilbao: “yo no he querido hacerle daño”. Pero su inocencia nunca descubrió que el rostro escondido y la figura esquelética de la querida madre del maestro Bilbao tenía más de diez décadas de haber vivido las fiestas de Las Mercedes y que, desde hace largos años esperaba a la muerte, y Narciso, ante la resistencia de Bilbao se desarmó, fracasando sus proyectos y le dejó una sabia enseñanza, escucha, deuda con enfermo no se paga.

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About hugo castillo

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