FACEBOOK LIVE

Latest Posts:

UNA CIUDAD BLINDADA POR LOS RECUERDOS

UNA CIUDAD BLINDADA POR LOS RECUERDOS
Una obra puede quedar comenzada, inconclusa o terminada,  todo depende del estado de ánimo del autor o de  los factores de su creación.
La víspera de lo anunciado se acercaba, las ideas flotaban, corrían de un lado a otro; sólo la imaginación respondía por lo que podía acontecer, las horas marcadas en el reloj precipitaban el tiempo. Sólo pintaba de mil maneras las facetas de lo deseado sin saber que era lo deseado, lo anhelado; eran sueños despiertos; entonces, el jueves avanzaba sin proponérselo, todo lo que meditaba acompañado del silencio era como adivinar lo nunca visto, tenía la sensación que si el martes se esfumaba los espacios empezaban a cerrarse; no sabía que era mejor, que todo llegara o detener el encuentro anunciado, cuando el día empezaba a despertar; amanecía y todo era vertiginoso hasta pensarla, era la otra dimensión por afirmar que todo era cierto.
Empecé por observar como la mañana era testigo de mis horas, también lo compartían como se levanta la ciudad desde la quietud hasta la musicalidad del día, avancé y le gané al deseo de estar en ese lugar; como punto de partida miraba de un lugar a otro acompañado por el vacio, nadie llegaba, pero mi preocupación era ella. Al final las cosas fueron cambiando, ya éramos varios pero tú no llegabas; la mañana no existía sin ti, recordé por qué tan lejos de mí, por qué ese lugar, hasta justificaba tu distancia y los minutos avanzaban, una llamada anunció tu existencia, los latidos del corazón volvieron a su cauce normal; llegaste a mí, las miradas se cruzaron, pero, la tuya, yo solo la comprendía.
No sé, pero tu bella sonrisa no estaba en ese lugar; mi ingenuidad por tenerte en medio de los demás  y por proteger el  amor había sido un letargo que nublaba la mañana, sólo quedaba la partida, tú estabas ahí y tu espíritu volaba, los demás conversaban en medio de la risa en la diversidad de la vida, mi ocupación giraba en pensarte y verte de mil maneras sin derecho a decirte cómo estás, solo mirarte una y otra vez, me sentía culpable de no poder jugar con  tus palabras y sonreír con el calor de tus manos cuando conducía. Era el precio de hacer las cosas bien y blindar la reserva de nuestros sentimientos, el camino transitado era el anuncio de los dos, pero la dosis de tus celos por no ser los dos nada más era mi gran preocupación, todo fue quedando atrás, adelante estabas tú y yo física y espiritualmente; las horas anunciaban la ciudad y su bahía, se empezó a respirar el olor a mar y palmeras, la formalidad reinó, cada uno de nosotros se inclinó por estar en el espacio circunstancial, los alrededores y quienes se acercaron en medio de la confusión creyeron que esa ciudad consagraba nuestra unión nupcial; en mi interior decía, eso es cierto, aunque la gente diga que no, la bella mujer corrió y aclaró, para mis adentros insistía, ni ella misma se lo cree, el amor se esconde pero solo la piel de tus besos lo sabe; nos ausentamos por unos minutos, estábamos siempre juntos, siempre lo hemos estado, caminamos al recinto donde la gente saluda, opina, piensa y escucha; nosotros éramos también esa gente, con la convicción de que nuestro discurso era el lenguaje de las miradas, de la búsqueda, de escuchar nuestras voces, de estar acompañados, separados.
El viernes cómplice como todos los días que te pienso tenía que ultimarse en detalles, hablar de nosotros, estar nosotros, vivir nosotros, sin que los otros se fijen, era la condición para estar; a veces cumplíamos, eso no era tan cierto, nuestros corazones llenos de alegría con sus movimientos nos buscaban y nos mantenían unidos, sin importar que pasaba, solo que ellos nos protegían; mi respiración viajaba por todas partes y sentía el perfume de su cuerpo, ya eras tú, éramos uno solo. Así fueron pasando las horas cargadas de idilio, cada palabra se festejaba en el fondo del romance de los días hechos de arena, embebidos por las olas del mar que desde la distancia anunciaban su ternura.
El viernes cerrado por la noche, sus comentarios de mujer llegaron a mí como si nosotros fuéramos los intérpretes de los mundos de cualquier color. Llegaste a mí, me hablaste, yo recuerdo haberte dado un beso diciéndote, no importa lo que dices, eso  hace de los dos alma y cuerpo; te abrasé, te mimé, pero lo hermoso eras tú, sentí el calor de mujer, sentí tu pasión, aun que la llama y las tormentas que he vivido nos las sintiera, la llama y las tormentas de tu alma de mujer siempre estuvieron encendida.
Esa noche me enamoré de ti. Hoy enarbola las palabras escritas, sé de su comprensión, recuerdo como ayer, tú eres linda, cultivaste en mí el otro concepto de belleza, el de la palabra, el de tus gestos. Esa noche también aprendí que estamos hechos de amor por encima de todo, tus confesiones, tu figura de mujer reposada engrandecía lo pensado, no era tu forma, era tu vuelo de mujer libre en el ser y en el estar, acurrucada con lenguaje de niña te hizo hermosa, tu secreto estaba en decir como eras, así mis ojos te vieron, mis oídos no cesaron de escucharte, esa mujer que cuando hablaba escribía sobre mi mente las palabras del corazón.
Amanece el sábado con llamadas donde el reclamo es estar juntos para revelar los pensamientos de la noche; antes de dormir tú eras el centro de mis ideas, amanecí con ganas de decirte te amo, quiero deleitar las instancias del tiempo frente a ti, quiero dibujar mi nombre en tus ojos, preguntarte que haces cuando nos estamos, quiero tomar el alimento que llevas a tu boca, con mis manos y dártelo a comer. Esas mañanas recordadas es saciarse y embeleser el pensamiento de lo que significó nuestra estancia. ese regalo del amanecer de los días, sin olvidar el jueves, solo que el viernes ilumina el revivir como oxigeno de vida; allí estuve sin olvidar que desde hace rato me traslado a ese lugar, que me da celos, pero, multiplica las ganas de volver a preguntar por los dos, ¿qué es de esa bahía? Como si apareciera por arte de magia, el color azul vuelve a mí, no revestido de mi sinceridad por atreverme a decir que es bello en tu cuerpo, pero en otra ocasión este era el ápice espacial del día. Aquí la multitud no existía, era el azul  la brújula de mis miradas, pensé qué lejos estabas cuando el azul me gravitaba, tus movimientos dejaban huellas, eran la orientación de tu distancia; cerca caminamos, reíamos al unísono de las cosas, compartíamos espacios, la academia, llegamos a ella, aunque ella muchas veces ausente de su significado; pero, lo cierto es que cumplíamos cuando en nuestra  concepción se negara en parte la poca riqueza que revestía.
También el humor por la vida sirvió de antesala al almuerzo más largo de mi historia con el ingrediente más exquisito. También es tu historia escuchar tu canto, tu risa disipar lo extremo, compartir con otros seres que en el padecimiento de las horas gástricas rieron y solo faltó llorar en medio de los dos; todo ello tiene nombre, la estancia de una luna celestial y un sol que no deja de proyectar sus alfas betas con gamas de amor; esa es una expresión del tiempo y su caminar en una ciudad llena de misterio en la angustia de sus calles, en el secreto de  su bahía donde las  aguas y su oleaje golpean como los cuerpos de los enamorados, hoy es paisaje de amores escondidos, de la complicidad de corazones sedientos, constructores de espacios, contadores de estrellas, cazadores de sueños, piratas de los secretos del mar.
La tarde estaba precisa para imaginar, las calles saludaban la presencia de la fortuna de ella y de mi suerte por ser yo quien la acompañaba; era la luna celestial y yo un sol que imaginaba qué hacer; caminábamos como si estuviéramos cogidos de la mano, cuando en el fondo del fondo era si los transeúntes nos  veían pasar, pero solo nosotros sabíamos qué se puede pintar en  una ciudad dibujada por los amores del tiempo; salíamos de compra, miramos, pero en ella, en ti, el ingenio del amor escribía las rutas de la noche. Fue cuando  anunció lo pensado, despertó en la curiosidad de escribir en mis venas, en mi piel, en todo el alma, la magia del amor nacía nuevamente, fueron ingredientes los que pronosticaban una noche silenciosa, pero con voces al lado del mar de sensaciones besos y caricias; la ceremonia no
tenía espectadores, tu y yo éramos actores donde la invención predominó; allí estuvimos riendo de nosotros, era la gran celebración por nuestras ilusiones, por la poesía, por la lealtad, por la sagacidad de nuestros besos, por la sensación y verdad de  permanecer unidos, por vivir lo anunciado por los malabares de nuestras ideas, por el salto de nuestros planes.
Esa noche es la síntesis de todos los momentos, es a su vez la fortaleza, rompimos los tabúes cuando su cuerpo lucía hermoso, transité  por  todo lo que era, sentí al amor de mi vida donde la vida le esperaba, retomamos el espacio donde todo era universal, el  concepto de libertad encendía el fuego de sus besos, su respiración la hice mía. Viví ese lugar como algo familiar, donde desde muchos años la abrigaba, la confianza perduró como si todos los días fueran de esa ciudad. La mañana tiene nombre, la tarde es igual, la noche del sábado llena de horas intensas y de delicias mentales la hacían diferente; el reloj se detuvo, el único tiempo eras ella; toda las cosas y sus alrededores tenían un toque familiar. El ritmo por estar avanzaba, cuando algo brotó de ella solo con el propósito de preservar el amor y sus atributos; es tarde, es tarde, yo entendí que las horas de la intensa noche estaban escritas como huellas para nunca borrar; yo caminé saturado de alegría, sin derecho a borrar nada, solo registrarlo en  mí, acordarme siempre, no importa que la ciudad se aleje y vuelva a nosotros o la busquemos todos los días caminando con la gran noche, rodeada de palmeras y acariciadas por las olas del mar, con miles de estrellas por seguir alcanzando. Los días suceden los unos a los otros, amaneció domingo, como fin último transitar por la ciudad, divisar el mar después de haber acariciado sus aguas, presentar sus bellas disculpas por su condición de mujer, disfrutar del mar como si estuvieras tú.


Conversé y le dije nuevamente al mar todo lo que él significa para ella, sus poemas, sus ojos en la inmensidad de sus aguas; con su silencio me dijo que si vuelvo a la  ciudad como centro y resumen del amor, por espacio de poco tiempo, le hable, nos hablemos; pero, ella era la hermosa mujer que lucía siempre frente al mar.
Las actividades estaban para terminar, solo quedaba partir y llegar al comienzo del final. Con alegría por albergarnos, la ciudad se despidió de nosotros. Nosotros la llevamos, la visitamos cuando queremos; somos su historia; entonces, partimos solo como lo quisimos el jueves que quedó atrás, pero vive con nosotros. Salimos de ella, solo que el pensar marcará el ritmo de nuestras vidas, nos convertimos en los observadores naturales de la distancia en medio de dos  ciudades, ya no eran palmeras y olas ellas se habían venido con nosotros;  los recuerdos empezaban aparecer en el camino, las excentricidades de las locuras del amor, de los días hechos poesías, del relato en el fondo de los sentimientos vividos, el tiempo se flexibilizó formando en dos ciudades distancias que duplicaron el trayecto como diseñar el recorrido mas largo marcados por horas pero no por kilómetros, kilómetros de comunicación, kilómetros de las cosas que nos dan vida, horas incalculables solo por decirnos lo que somos, la trascendencia de las utopías, solo por llegar que el día fuera nuestro y no llegara la noche, diferente a la bella noche que no dejo de vivir; que cuando tengo sed recuerdo el brindis del amor, reliquia inolvidable de tu invento, sigue siendo inconfundible el andar de esa tarde que tengo la sensación de revivir y preguntarle a cada espacio durante cuatro horas que nos hablen, que recuerden que fuimos visitantes sin voces, que le hablamos con tus ojos y los míos, bendecidos de amores, de risa loca de luna celestial y que no dejaré de ser ese sol que se levanta a ver la ciudad encantada cubierta de mar, con palmeras al viento, bahía y nostalgia, pero a final confidente muda de nuestro gran amor. Recuerdas el sábado se escondió con la llegada a la ciudad marcada con el recuerdo de hoy y siempre. El domingo me llamaste, no nos olvidemos del invento de los dos.

HUCASME
Share on Google Plus

About hugo castillo

This is a short description in the author block about the author. You edit it by entering text in the "Biographical Info" field in the user admin panel.
    Blogger Comment
    Facebook Comment

0 comentarios:

Publicar un comentario