FACEBOOK LIVE

Latest Posts:

VIVIENDO CON DAVINZO

VIVIENDO CON DAVINZO


Los días sucedían los unos a los otros, su lenguaje natural era el correr del tiempo, su testigo mudo el anochecer del búho y el amanecer de la alondra; las tareas de esa época eran contemplar, vivir y poner a volar la imaginación; las ideas de niños jugaban a la libertad, mientras la invención y el asombro le daban esencia y forma al pensar. La mañana despierta,  sobre ella posa y descansan las curiosidades hechas vida. Son tres hermanitos que surgen del amor, a diferencia de su mundo es la fantasía de las horas; el mayor de ellos, apuesto con ojos verdes, hábil en su andar, ambidiestro al lanzar la pelota por el viento; el segundo, intrépido, vivo, alegre y soñador; mientras el ultimo era más niño, vivía el mundo de los dos y corría a las andanzas  que los otros dos inventaban en las calles polvorientas y pedregadas de mi pueblo, sedientas de lluvias, en ellas siempre había espacios para plasmar lo que los niños pensaban, situación que aprovechaban para jugar con el carrito de madera de su hermano mayor, aunque tropezara con las piedras le llamaban cariñosamente el suave, que pintado de verde a la distancia surgía su nombre, de madera y sin competir por marcas era el carrito imaginario donde los tres hermanitos traían la espuma blanca de la vaquita llamada “regalito”, producto que el padrino galardonado le había obsequiado el día del bautizo al último o al menor de los hermanos, contra todos los obstáculos se turnaban para buscar el encantado alimento sustraído de la diminuta vaca llamada “regalito”.

El mayor de los hermanos, cuenta la historia que, sus habilidades duplicaban la de los otros dos, pintaba las letras del alfabeto y cada una de ella era la expresión viva de los días, dibujaba la no existencia de las cosas, mientras los ojos de los otros se encantaban; desde muy niño cultivaba el arte de pintar sobre el suelo, las paredes y en las aguas de arroyuelos cuando la lluvia caía; en la escuela apostaban cuán de memoria sabía mas, los inspectores y curiosos disfrutaban las preguntas y respuestas a unos y otros y ahí estaba el hermano mayor de los tres como el Cid Campeador.

El mayor, de nombre Davinzo, como dice la canción a Davinzo pa’llá y Davinzo pa’cá, le gustaba las aguas de los bellos jagüeyes, penetraba en ellas y con el silencio de su alma quedaban atónitos, los segundos corrían, mientras sus miradas volaban y al final aparecía como por arte de magia, retaba tal vez diciendo que podemos vivir sumergidos en el agua sin respiración alguna. Ese es el recuerdo de un hermano, quien desde muy niño explorando el mundo natural desafiaba la distancia con su cartuchera y su milimétrica puntería haciendo del mundo natural que pájaros y especies llegaran a morir, aunque Davinzo amaba la libertad.

Cuentan que enfrentaba las horas y salía de su alberque natural cargado de gomas y una sustancia pegajosa que brotaba de los árboles llamada peñique, con sus jaulas en manos y sin pedir permiso, se ponía al lado de pozos y jagüeyes; en esos lugares aprehendía a pájaros que con sus cantos competían con centenar de repiques, aunque su madre enojada en discordia intentaba soltarlos para que estos recuperaran su libertad; sus otros hermanos referenciaban las proezas de Davinzo y se alimentaban de ellas, las recuerdan como si fueran misterios y hoy dicen con melancolía ese era y sigue siendo Davinzo.

A Davinzo le gustaba ser mayor entre los mayores aunque la edad no lo permitiera, su lógica era serlo, adversaba las distancias y solía partir a otros pueblos en bicicleta sin prever consecuencias con su adorable madre, explorador constante refería sus historias y sus hermanos menores solo dibujaban  lo vivido por Davinzo quienes con la incertidumbre del tiempo conocían lo soñado.

De Davinzo dicen que una vez venía de la ciudad al pueblo, en sentido inverso, vestía una camisa como prenda militar y alguien le dijo que su alcance económico era inferior a lo que dignamente vestía, en el fondo era soldado bachiller quien enamorado de lo que lucía sin desafiar a nadie era asediado con ráfagas de palabras por algún ignorante de ese pueblo, donde las piedras forman los arroyos, Davinzo solo guardó silencio.

Los años van y vienen como un ayer de recuerdos, los amigos entrelazan ideas y hablan de su vida académica, de su juventud matizada por un ideal, de ser lo que no era; como si el tiempo se detuviera lo vieron llegar de la ciudad de las  flores, los pájaros, las aguas donde la respiración no existía, la milimetría para fusilar aves, la exquisita pintura para dibujar habían quedado olvidada sin renunciar al pasado, nacía un Davinzo obsesionado por la salud  y su deleite temático era hablar de prevención, cuidado y del bienestar social; la nueva semblanza de Davinzo se convertía en un rio turbulento que contenía cultura, ciencia y comunidad, Davinzo se movía en medio de reivindicar derechos y luchaba por la justicia, amante de la confianza y dulzura que respiraba en la organización sindical, se seducía por la información, sus libros preferidos en cierta forma eran los del hermano menor, también los momentos vividos al tenor de su hermano intrépido y soñador, el segundo de todos. El tiempo seguía y como algo llegado del cielo musicalizó a la familia con su agrupación “Son Familia”, al igual que la hermosa confianza que guardaba con el último de los últimos de sus hermanos, estas horas llenas de todo no eran marcadas por las manecillas del reloj, el tiempo no existía y se alimentaba de diálogos extensos con algunos de sus tíos.

Davinzo hoy se envuelve en los corazones de muchos que andan con él, lo pintan y enamoran sus palabras que son poemas de creatividad, salud, justicia y bienestar. Lucha desde el infinito distante a que no lo olvidemos, que juguemos y volvamos a la vida de niño como “el suave” carrito que le prendió la imaginación. Davinzo es la calle trajinada del pueblo que lo vio nacer, el campo de futbol que lo vio correr, la ciudad que lo vio crecer, la naturaleza hermana que inspiró su hábil mente para pensar. Mil amigos que juegan con sus recuerdos y cantan la bella canción a Davinzo pa’llá a Davinzo pa’cá. Davinzo vivirá para siempre en el recuerdo de sus hermanos.

HUCASME
Share on Google Plus

About hugo castillo

This is a short description in the author block about the author. You edit it by entering text in the "Biographical Info" field in the user admin panel.
    Blogger Comment
    Facebook Comment

0 comentarios:

Publicar un comentario