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EL NIÑO Y LA GUACAMAYA FRENTE AL PROCESO DE PAZ

EL NIÑO Y LA GUACAMAYA FRENTE AL PROCESO DE PAZ



El espíritu de Luis David vuela por la imaginación del tiempo y quizás tenga espacio para preguntarse ¿la naturaleza me ha premiado para tener en mis manos un juguete precioso con la diversidad y encanto que todos desean tener? Sin pensar en su libertad, y eso nos pasa cuando transitamos por esa edad, la guacamaya en su silencio reposa en las piernecitas de la ingenuidad mientras él se divierte en su estancia. Nos corresponde interrogarnos la diversidad de su plumaje comparado con el arco iris,  lo multicolor de su vestido no son obstáculos para andar y vivir, lo que nos exhorta a asimilar que es posible la unidad en la diversidad y que podemos escucharnos con afecto y cariño aun sin pronunciar una palabra como el caso de Luis David y la guacamaya y se concibe la racionalidad humana con la irracionalidad biológica, pero a la vez se puede hablar de la biología del amor y por ende del bioamor. Este ejercicio entre el humano y el animal es la ejemplificación y enseñanza que los humanos tenemos que introyectar, ahora el país nacional y el país político, puede de tú a tú y los herejes, los impíos y los que subvierten el orden por no compartir ideológicamente, deben dialogar en el marco de las reglas de juego tal como Luis David y la guacamaya sin dimensionarse, porque de lo contrario nace un picotazo y se desborda el llanto, todo es posible es nuestra amada Colombia si lo intentamos una y otra vez, ante la fuerza esta la razón y cuando no se puede esta la razón. Me cuenta Luis David que tuvo dificultades para que la guacamaya pudiera posar en sus piernas y él poder descansar sus manos en su plumaje: primero, la no credibilidad de la guacamaya, la falta de confianza lo cual no permitía un acercamiento y eso lo tuvo que construir para luego estar cerca como ahora en un proceso, lo que permite inferir que el cese de hostilidades y la búsqueda de la paz es un proceso que se tiene que madurar en su mismo desarrollo y es dialectico. Miremos nuevamente el niño y la guacamaya y observemos en cada gesto y en cada pluma lo diverso y afín que somos, así son las fuerzas del establecimiento, afín, contradictorias por excelencia y diversas, solo bajo esas circunstancias es que se puede DIALOGAR compartiendo que en cada sector existen unos intereses, ideales y propósitos así no nos guste, dado que no se puede dialogar sino entre iguales, tenemos que romper el mito de la fuerza por el de la razón y el de la civilidad, para que la historia pueda testimoniar y otras generaciones que se puede jugar como el niño y la guacamaya.

HUGO CASTILLO MESINO

Publicado en el Diario La Libertad, Barranquilla, 26 de Noviembre de 2012
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