FACEBOOK LIVE

Latest Posts:

EL PUEBLO AL REVÉS

 EL PUEBLO AL REVÉS

Por Hugo Castillo Mesino





Comentan que después de la Guerra de los Mil Días salió de una tumba, Lucrecio, quien caminaba por las calles en medio de la noche en las arenas movedizas del Pueblo al Revés; siempre vestía de blanco donde los parroquianos no lograban verlo por su naturaleza invisible,  llevaba sobre su pecho un aviso que decía: “Soy de aquí, pero vengo del otro mundo“,  quien cantaba a todo pulmón, su timbre de voz ensordecía a quienes deambulaban en las noches tenebrosas cuando solo se escuchaba él. Su amada Lucrecia vestía de negro, al no verlo en su nicho se levantó y salió en su búsqueda, mientras él en la esquina lloraba de nostalgia al ver al Pueblo al Revés; al llegar la tomó en sus manos y le dijo estoy contigo: “Ni la muerte podrá separarnos”. Lucrecia solo reía y cayó en llanto; al ver Lucrecio su tristeza la invitó a caminar por las avenidas y confines del pueblo, se miraron a los ojos el uno al otro y en coro sin ponerse de acuerdo exclamaron: “Vamos a donde jugábamos cuando niños. Empecemos por la gallina ciega; Lucrecia prefirió silenciar y de pronto dijo: “Y donde está la sandía, busquémosla”. Partieron para el rosal, al llegar encontraron un desierto de desesperanza; Lucrecio saco de sus adentros sus atributos poéticos y con una rama seca escribió sobre el suelo: “Viejos tiempos que nos hacen resucitar”.

Cansados, tomaron partida en la oscuridad del amor, se sentaron y erguidos sobre el suelo, llegaron a aquel manantial cristalino de aguas saboreadas y saciaron la sed, se miraron fijamente y volvieron a preguntarse: “¿Qué tal si nos damos un beso como ayer y luego continuamos?”. Así ocurrió. Las horas se detenían la noche seguía siendo noche, el camino se abrió, prefirieron jugar al escondido; Lucrecio en medio de enfados y risas manifestó: “Me parece que ese juego esta rayado desde que vivimos en la tumba”. Entonces jugaron al carnaval disfrazándose Lucrecia de la “Llorona loca” y Lucrecio “Del hombre del otro mundo”; deambularon por el Pueblo al Revés empapados de sudor frío sin que nadie se percatara de la noche de color y olor fúnebre.
Llegaron a la mejor esquina, tocaron la puerta y entregaron una cantidad de monedas que tenían impresas las efigies de los fundadores del Pueblo; luego surgió un misterio y le entregó una botella de Ron Tres esquinas que bebieron hasta quedarse dormidos. Al despertarse su enemigo era el día. La vecindad se informaría de su regreso de nuevo al mundo; de prisa partieron por la avenida principal rumbo al cementerio, haciendo zigzag de la borrachera, se internaron en la hornacina que los vio morir y al estar cada uno en su nicho no dejaron de beber agua, que disipaba el guayabo doble de los infinitos enamorados.

Al día siguiente mientras la noche dormía, se levantaron y empezaron a revivir los recuerdos del Pueblo al Revés, visitaron la cancha de futbol convertida en un playón de gloria y suspiro de acuerdo al marcador de los equipos, donde Lucrecia era la madrina del equipo Campeón y Lucrecio había obtenido el balón de cuero con unos guayos número cincuenta; se sentaron sobre las gradas, de inmediato se abrazaron, festejaron y cantaron los goles, mentaban madres cuando el equipo contrario atacaba. En el espectáculo  de mutismo y quietud entonaron el Coro del Himno del Pueblo al Revés,  con sus voces de musa, no se cansaban de repetir: “Oh! Pueblo de riquezas, hombres, mujeres, eres mi gloria, mi comienzo y mi fin”. Partieron de prisa y sin dejar ni una molécula de recuerdo. Lucrecia se acordó de las primeras lecciones que había recibido en la “Escuela de su Santa Devoción”; entraron por el portón trasero en un silencio sepulcral, dieron los buenos días que nadie contestó, se sentaron, Lucrecio observaba los movimientos de su amada, se mantenía entretenida al ver pasar la lista de su profesora Susana, que cargaba sobre su mano la chancleta y la regla en madera ante el incumplimiento de las tareas, juntitos participaron del recreo corriendo de un lado a otro; más nada importante para ellos que aquel momento de retrotraer el tiempo, aprender y jugar era liberarse de la ignorancia.

Mientras se sepultaba la noche y amanecía el amor de los recuerdos, surgió la idea de visitar la tienda de los cachacos gemelos, quienes se confundían al dar los vueltos al manejar el arte de cambiar los billetes buenos y meter   falsos; se vendía el aroma y refrescante Menticol, la brillantina Palmolive, pomada de rayo, puyas del diablo, las bolas de coco, la panelita de leche, las cocadas, los borrachos, jacta pobre, las zaragozas con cerdo, el guarapo fermentado, otros platos y bebidas apetecibles; lo malo para los visitantes fúnebres eran los productos que no  pudieron encontrar por ser  tarde para buscar lo que fue ayer y ya no es hoy.

Al tercer día, los enamorados en medio de la vida y la muerte, después de permanecer en sus nichos de recuerdos, salieron a preguntar por el único Cura del pueblo y por su Amigo Imaginario, quien los venía siguiendo desde la tumba hasta su retorno, los abordó y les preguntó: “¿Qué es lo que quieren?”. Lucrecia, un poco atemorizada, respondió: “Simplemente confesarme,  ha pasado tanto tiempo y no he podido pecar; además, para ver si el Cura de la sotana roja, del que tanto se habla, se come el cuento de lo que le voy a decir”.

En palabras de Lucrecio, dicen sus amigos difuntos que no se cansan de hablar, “parece que ese Cura no se fuera a morir, porque arma unas de las de Troya, se mete en unos líos con todo el mundo, le llaman ‘La sotana del escándalo y el correo del chisme’, revelan los curiosos que lo vieron mirarse fijamente al espejo, insultándose así mismo, esas acciones y otras es lo que  tiene al Pueblo al Revés, aburrido, hasta el punto que algunos se han convertido en ateos y dicen que la gente va a hacer una consulta popular y esta contendrá solo dos opciones: ‘Sé va el Pueblo -Si o No-‘. ‘Se va el Cura -Si o No-‘”. Entonces prosiguió Lucrecia: “¿Y si se va el pueblo a quien carajo van a confesar?, pues a nadie porque a mí con esas referencias que me acaban de dar, no me sacan ni el Padrenuestro”.

A los Lucrecianos les sonó lo del Amigo Imaginario que siempre los seguía, partieron a observar a la iglesia que los vio nacer y recordar el agua de la pila bautismal, aquellos divinos vestidos de angelitos, al igual su matrimonio que festejaron en medio de aplausos desde la entrada de la iglesia hasta de regreso a casa. Los dos exploradores de la vida y de la muerte, después de los recuerdos de árboles de corralejos dulces, de color blanco, del tiribuche que atragantaba provocando tomar agua y de los palos de mamón que manchaban la ropa y una madre enojada, de la ida y vuelta al jagüey donde los cántaros averiados llegaban medios, conjugados de verdín; en ese momento quisieron disipar la curiosidad y hablar con el Cura de la Sotana Roja de acento español en crisis, que con sus rezagos coloniales todavía le quedaba tiempo y ganas de violentar antes que colonizar al Pueblo al Revés.
Para Lucrecia y su amado con olor a flor cadáver y a formol petrificado, no se le escapaba la idea de tener frente a frente a quien también haría parte de su comunidad silenciosa y expectante de todos los mortales vivientes, se refería al Cura de la Sotana Roja que llegó después de aquel funesto día donde los santos no dejaron de ser santos, quedando impresos en cada viviente, mientras que en el Pueblo al Revés se mantenía un olor a llamas de santos quemados, cenizas, bancas en carbón, milagros derretidos y los ojos enrojecidos de los mortales por el humo del siniestro, por el impacto o  la naturaleza de la vida que dejó la deflagración, quitándole lo poco que tenían, los arrevecistas, su Iglesia y San Ambrosio, su santo devoto.

A Lucrecia le nació un afán de confesión, pero al ver averiada y destruida aquella mole religiosa de recuerdos optó por renunciar a aquel sacramento que le daba el perdón de sus pecados y arrepentida por la tragedia que rodeaba su cabeza expuso esa confesión: “ni me suma ni me resta, para poder seguir viviendo en medio de los dos mundos extensos y de los amores con Lucrecio que ni la muerte pudo separarnos”. En ese ir y venir de los dos embajadores del tiempo, quienes seguían soñando al no dejar de preguntar: “¿Por qué nuestro pueblo es así?”; pero, además, “¿por qué este Pueblo es al Revés? Mientras, los días difusos avanzaban y la inclemencia humana  no movía ni un ápice para revivir aquel lugar donde los Lucrecianos empezaron a saber de Dios. A través de los años la pareja sin calendario se limitó y se aisló del nefasto acontecimiento, preferían acordarse de sus días y noches secretas en su aposento; allí pintaron las mariposas, libélulas que perfumaban el jardín con sus colores y olores, las luciérnagas emblemáticas que encendían su luz y se prolongaba desde la iglesia hasta su dormitorio final, sirviéndoles de guía espiritual.

Recordar era común entre ellos cuando se iban de compra. Lo primero que les sucedía era sentarse en el parque, salían de paseo, se bañaban en el rio, realizaban lecturas misteriosas de difícil interpretación, seguían explorando queriendo derrotar el lema que dice: “Todo lo solido se desvanece”. Al final la apuesta sobre el lema les había ocasionado pérdidas, la mole sin forma y sin fin había sido demolida, mientras que otros en medio de la feligresía en silencio decían “eso lo llaman lo que el viento se llevó”; o, “a esto se lo llevo Pindanga”. Solo a los enamorados de la muerte le quedada la esperanza de que algún día renaciera la ternura de volver a ver aquel monumento, así le hubiesen cambiado el color o convertido en rascacielos.

Lucrecio, quien era aplomado, persuasivo, se sentó en su descanso eterno,  escribió estas notas: “Hasta cuándo vamos a soportarnos a este español que llegó y hasta ahora por culpa de los otros pendejos no contamos con un espacio donde podamos rencontrarnos con nuestro pasado; lo que pasa es que la gente del pueblo es al revés, le creen más a ese ancestro de conquistador que a nosotros que hicimos historia  y que nos vio hacer algo por él”. Lucrecia estaba imantada y le temblaban los labios, con la piel erizada por las palabras que venían de los adentros de su amor de sepulcro. “¡Nos tocará esperar!”, exclamaron, y “qué dice el español de sotana roja, si yo estuviera viva, otra cosa sería, ¿cuándo tendremos a nuestros ojos la Iglesia de mi matrimonio y mis oraciones divinas?”. El Amigo Imaginario no descansaba en seguir los pasos de quienes aun con la muerte se mantenían unidos; e inquieto se atrevió a preguntarse: “¿La Navidad es el anuncio de los regalos, las estrellas titilan por doquier, hay un mundo de esperanza, será que este Pueblo para esa fecha, ya no va a ser al revés y será que el hombre de la sotana roja, hará el milagro de confesarse ante vivos y muertos para resucitar a la Iglesia?”.

Lucrecia cansada con sus horas de muerte, le propuso a Lucrecio darse un tiempo o vacaciones infinitas y no perturbar a quienes azotados por el frío y el calor se paraban en las esquinas, en medio del alcohol y de la música a conversar sobre lo mismo de lo mismo, lo que para algunos le llamaron el cuento del “gallo capón”, cuento que nunca termina; otros en medio de murmullos decían: “aquí es donde Pabla nunca va parir”; o tal vez es que a la nueva Iglesia para los mortales arrevecistas, se convirtió en “la gallina de los huevos de oro” o “la vaca lechera”. Lo pactado por los Lucrecianos se había cumplido al decidir que se alejarían de este asunto de vida o muerte que no los dejaba vivir, ahora lo nuevo era seguir sus muertes vivas y dejar pasar y dejar hacer, pero solo eran palabras de desconsuelo porque siempre en sus vidas se preocuparon por los demás. Antes de quedar dormidos en su nichos donde jugaban ajedrez como juego de estrategias de la guerra y los naipes que los hacían dormir, al poco rato escucharon una voz de ultratumba, del Amigo Imaginario que les decía: “Al pie de la lápida donde está tallada su frase ‘Aquí muere y nace el amor’ les dejo un boletín donde el Cura de la Sotana Roja, anuncia, viene dirigido y firmado desde el Vaticano por el sumo pontífice, léanlo y después hablamos”.

En efecto sigilosamente se dispusieron a levantarse, salieron de su nicho lleno de enigmas, observaron la carta, mientras se peleaban por leer la nota. Lucrecia procedió a leer el Boletín Parroquial que aseguraba: “Su Santidad considerando que el Banco Ambrosiano cuenta con recursos excesivos y su fortalecimiento es superior a la Banca Mundial,  definió donar una iglesia posmoderna, dotada de tecnología de punta, sacerdotes en patines, santos robotizados, dinero plástico, asesores para  solucionar los problemas parroquiales…”. Una vez que finalizó la lectura, Lucrecio bailaba en un solo pie, se preguntó: “¿Será que tenemos que asistir a la Iglesia por televisión o la van a traer desde Roma?”.

La misma información o anuncio fue suministrado por el Cura de la Sotana Roja a la feligresía de San Ambrosio, congregada en la carpa parroquial. Las caras alegres y llenas de desconfianza no dejaron de observarse, aunque los amores de Lucrecia no se hubiesen percatado; pasaban los días y los meses seguían con la paciencia del Pueblo al Revés, cuando al final, aunados por la desesperanza y viendo que a la Iglesia se la llevó un viento de caña, un grupo de creyentes vivos decidió viajar  a las altas instancias del Vaticano y solicitarle una audiencia al alto prelado. Cuenta el Amigo Imaginario que asistieron al magnánimo encuentro,  al llegar las cámaras se disparaban, las grabadoras se apagaban solas, la luz se fue por varias oportunidades, las lágrimas corrían y las  voces tartamudeaban de las cosas que se dijeron, el lugar estaba rodeado por la Interpol, con las veedurías de organismos internacionales como el Episcopado, Consejo de Ancianos, Guardia Pretoriana, Justicia y Paz, Comisión Internacional de Derechos Humanos, quienes eran los garantes ante el Dialogo Pastoral de la Feligresía del Pueblo al Revés y que contaba con la participación del Cura de la Sotana Roja y su asesor, el arzobispo, la Comisión de las rubricas integrada por académicos, escritores, juristas, mujeres y hombres teístas con su delegación pastoral.

Antes de empezar se invocó una oración a San Ambrosio el santo patrono, para iluminar los años de tormentas, escándalos, chismes y hasta posibles  atentados macondianos que circulaban en el Pueblo al Revés; se hizo el protocolo especial y en nombre del Episcopado se le dio la bienvenida a la comisión múltiple que veían en el Cura de la Sotana Roja, su paquidermia y dejación para no proyectar a la nueva Iglesia que le daría tranquilidad a los arrevecistas del pueblo; se explicaron motivaciones, percances, ofensas, tropelías y señalamiento a la familia Arena por parte del Cura de la Sotana Roja, el ambiente era tenso y sin que el viento soplara las gafas del Cura español se movían impulsadas por el miedo que le tenía a la Delegación  Parroquial Alterna, su piel blanca presentaba un color moreno, entre un amarillo pálido, eran muchas las voces que apuntaban a que el Cura de la Sotana Roja abandonara la parroquia del Pueblo al Revés, mientras que el Episcopado hacia votos de comprensión entre las partes llamando a seguir los pasos de Cristo que invitan a perdonar y a abrazar a nuestros hermanos; sin embargo, la decisión única que marcó la pauta planteaba que el Cura de la Sotana Roja era irreconciliable y no había otra opción que se fuera por donde llegó, según versiones del Amigo Imaginario.

Al cierre de la audiencia, el Cura de la Sotana Roja se llenó de sufrimiento e intervino como un mártir y buen actor acompañado por su asesor mudo, del cual comenta la gente que como se descuide le roba la sotana, tiene tanto poder y  le dicen: “Cuerpo ajeno de poder terrenal y celestial”; con voz entrecortada le dijo a los presentes, pero en especial al Arzobispo: “Si supiera que en la fiesta de San Ambrosio, tenían un plan para asesinarme, sino  fuera por las señoras de la tercera edad, que no les importó levantarse a algunas en sillas de ruedas, apenas se informaron del plan alertaron a las autoridades, quienes lograron implementar un operativo  y desarmar  a los posibles asesinos intelectuales y materiales”, prosigue el Cura, “es más señor Arzobispo y veedores, las señoras sacrificaron mercados y calentaron manteca, las llamas alcanzaban los treinta centímetros a lo largo y ancho por donde se desplazaba la procesión de San Ambrosio, para arrojársela y desollar a los asesinos, se comenta que son los mismos a los cuales se les atribuye haber mandado vilmente al capataz de ganado del Rancho Grande de las afueras del Pueblo al Revés, al mundo de Lucrecia y compañía”.

Ante semejante barbarismo se enojó  y protestó el mayor de la delegación  que había mantenido calma y postura, invitó a sus conciudadanos a desistir de la reunión ante los atropellos del Cura, situación que fue controlada por el más alto de la comisión; continuó el Cura: “Arzobispo, el pueblo está conmigo, fue tan grande la solidaridad aunque ustedes no me crean que se armaron comisiones inteligentes de resistencia, que se le acercaban a los grupos de forasteros y arrevecistas para obtener información, mucha gente  armó  palos y garrotes que guardaban con mucho sigilo en los costales y se ubicaban en las esquinas para ultimar y matar a los responsables, a mi lo que me salvo fue  una señora que grito: ‘Van a matar al Cura de la Sotana Roja”, lo que originó que los criminales desaparecieran como por arte de magia, gracias a la colaboración de la gente y de los agentes encubiertos; es más, antes y después la gente  me decía: “Cura, no se vaya, que usted puede salir del pueblo canonizado, la gente lo quiere mucho”. Al instante una voz   manifestó: “García Márquez debe estar preocupado por su tragicomedia, puede estar en peligro su Premio Nobel y según usted estamos ante otro Macondo”; la risa afloró rompiendo el hielo y el terror se apodero ante la nueva película del Cura de la Sotana Roja.

Los comentarios al transcurrir de los días no se dejaron de escuchar y al parecer el Cura de la Sotana Roja hizo una tregua sin insultos e improperios  a los aliados circunstanciales de la familia Arena, pero esta no duro mucho,  porque al parecer Lucrecia y su amante volvieron a internarse en las noches oscuras del Pueblo al Revés y no dejaron de escucharse los comentarios que decían: “Ni que el Papa venga ese Cura cambia”, revelación hecha por el Amigo Imaginario a quien el Cura no había podido desacreditar en la homilía    Lucrecia dijo: “Aquel o aquella que diga algo del Cura inmediatamente se sabe en el cementerio cuando llegan los difuntos, de lo contrario él manda una nota al portero que dice que este pendiente de cualquier rumor o chisme, porque es su arma para el sermón de los domingos”.

El ambiente tenso e intermitente se sentía en el pueblo al pasar los días, las habladurías de voces tercas, conformes, neutras y decididas giraban de un lado a otro hasta formar una turbulencia de ideas que terminaban en no hacer nada por la iglesia “San Ambrosio”.  El Amigo Imaginario tenía el don de la ubicuidad, se situaba en  lo trascendental del pueblo de este mundo y del otro, podía hablar con los vivos y los muertos; algunos dicen que se le presentó al Cura de la Sotana Roja como enviado por la Santa Sede, esté manifestó que no lo podía atender porque no correspondía a su comunidad e informado el Arzobispo del infortunio, decidió reunirse nuevamente con todas las delegaciones en la zona de arrevecistas donde está ubicado el Pueblo, esto con el fin de sanear los conatos de bronca, la formación del ateísmo, las fortalezas de las arcas parroquiales, el trabajo en equipo, las relaciones interfeligreses, desterrar la discordia y respetar las familias. La noticia del Amigo Imaginario agradó al informarse de semejante acto de convivencia comunitaria donde las sendas intervenciones apuntaron por parte y parte a trabajar en el objetivo común y a construir entre todos una Iglesia espiritual y material; al terminarse el acto en medio de aplausos, se escuchó una voz entrecortada que dijo: “Ese cura no va a cambiar nunca, esa Iglesia la van a ver mis nietos, si acaso”.

Motivados por la ausencia de los largos días y años de no ver sus sueños realizados la pareja fúnebre volvió a caminar en medio de las tinieblas por las calles sordas del Pueblo donde no se escuchaba ni el canto del gallo, sorprendidos encontraron un ejemplar del Diario Universal un titular que decía: “El Pueblo al Revés al fin tendrá Iglesia”. Los dos empezaron a bailar en un solo pie; “te lo dije”, expresó Lucrecio, “al fin nos vamos a casar y morir de nuevo y se harán realidad nuestros sueños”. Acto seguido leyeron el texto desde el comienzo hasta el final, dándole toda la entonación gramatical y concluyeron: “¿Cómo así que se necesita tanta plata para esa Iglesia?”. Lucrecia interrumpió, “entonces  el Banco Ambrosiano desistió de regalar la Iglesia dado que ha podido quedar quebrado”; repasaron el cuerpo del titular e infirieron que el Cura de la Sotana Roja, dice además que en este pueblo hay una ola de prostitución y que no pueden decir “Siéntense” porque se acuestan, que la inseguridad es tan grande que “los delincuentes adivinan el valor de los billetes y la serie, que la gente lleva en sus bolsillos”. Además sindicó que los politiquitos del pueblo se dedican a hablar y a criticar y el pueblo cada día va para abajo; recalca que en la Región Momposina lo condecoraron por constructor y restaurador de Iglesias “¿y por qué aquí, en este pueblo no puedo hacer algo mejor?”. “Bueno, eso está bien”, dijeron al unísono los enamorados históricos, “es algo a nuestro favor, ahora podemos casarnos de nuevo”.

La noche cayó. Como de costumbre Lucrecia invitaba a su idolatrado amor a hacer las travesías por el aventurero Pueblo al Revés. Antes de cruzar la Calle del Espanto sintió los pasos agigantados del Amigo Imaginario, a quien se les acercaron con la iniciativa femenina y ésta le comentó que al fin se iba a confesar y a casar por segunda vez, siempre y cuando fuera a la Sede del Episcopado de la Región Momposina y se informara qué cierto es que el Cura de la Sotana Roja tiene los créditos de restaurador y constructor de Iglesias. El Amigo Imaginario acepto la tarea encomendada por Lucrecia y se desplazó de inmediato para el Episcopado de Mompox y conversó con sacerdotes, monjas, el alto prelado, quienes le suministraron información oportuna de la historia monumental y anticuaria de Mompox y estas revelaron que de las iglesias remodeladas, construidas y restauradas, sólo a una se le había cambiado el piso en baldosas y construido un nuevo altar, al resto solo eran oraciones, poco tiempo de estadía, en conclusión nada de nada. Lucrecia no hizo otra cosa que llorar y en su llanto se escuchaba “ahora sí que todo se derrumbó” y le sugirió a su Amigo Imaginario que no revelara la información, para ver si al enterarse el Pueblo al Revés, despierte y no le se sigan creyendo al Cura mitómano, más grande que Pinocho.

La gran mayoría de los arrevecistas dicen que lo anormal en el pueblo es  no escuchar un comentario de los desaciertos en las relaciones comunitarias del Cura, hasta el colmo que pueden ser de otro y se los endilgan a él; parece que los policías de la región Momposina andan con  los ojos llorosos por las llamadas que a cada media hora hacen desde la parroquia, diciendo que lo miraron feo, que los pick-up tienen el volumen estridente, que le recuerdan a su ser querido, que no lo saludaron, que prefieren al otro cura, que por qué no asisten a la iglesia, que hay un plan para matarlo, que hay infiltrados con otras ideologías. El Cura propondrá al Episcopado nombrar una policía parroquial, tal vez pensando en crear el Estado Parroquial dentro del Pueblo al Revés; lo que para la pareja de Lucrecianos y su Amigo Imaginario no era ningún secreto porque hace días salió una circular de la parroquia de San Ambrosio que reza: “Aquel cura que traspase las fronteras sin el consentimiento del Cura de la Sotana Roja, será denunciado ante los organismos que administran justicia so pena de cien años de cárcel según el “Derecho Canónico”, por encima del Código Penal”. Todo esto tiene alborotado al pueblo que no puede rezar, enamorar sin el consentimiento del Cura y con el visto bueno de su “asesor” que tiene registrado en un portafolio los estipendios de los actos y servicios religiosos más el 20% del I.V.A.

Lucrecia, quien demostró su interés viva, muerta y resucitada al igual que su Lucrecio y su Amigo Imaginario, se reunieron y después de una discusión que duró más de tres meses, consideraron olvidarse un poco de la Iglesia del Pueblo al Revés, para ver si esta nace por obra y gracia del Espíritu Santo. Lucrecia y su Amada recalcaron a la hora de partir: “la verdad es que seguiremos en la brega de volvernos a confesar, bautizarnos y casarnos en el Pueblo al Revés, en su Iglesia de San Ambrosio, con la claridad de que nuestro amor reine por siempre”. ¿Sera que todos somos iglesia espiritual y la material se la llevo un viento de caña?

Los días transcurrieron y el amigo imaginario caminabas las calles sin césar tal vez atormentado por que no escucha la última del pueblo y no tenía como alimentar a los Lucrecianos sobre el acontecer y las expectativas que tenían sembrada sobre la nueva iglesia dejando en su mente aquel lugar donde yace el recuerdo encerrado con zinc donde descansan los rayos del sol que sirve de espejo a los transeúntes; el malestar del amigo imaginario no desaparecía cuando se informó que a el Pueblo al Revés había llegado un camión de alta dimensión proveniente de Acerías paz del rio, cargado de varillas con un aviso alusivo que decía “por fin tenemos iglesia”, el gentío se desbordo y el menú informativo era “algo es algo”  desatando una aguerrida discusión entre los niños haciendo juicios como estos ¡esas varillas son para los cimientos!, no ¡son para el techo!, mentira ¡son para hacer santos! Y otro curiosamente dijo: yo si se ¡es al cura de la sotana roja, le van a hacer una estatua!
Share on Google Plus

About hugo castillo

This is a short description in the author block about the author. You edit it by entering text in the "Biographical Info" field in the user admin panel.
    Blogger Comment
    Facebook Comment

0 comentarios:

Publicar un comentario