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EL OLOR A NARANJO

EL OLOR A NARANJO



Por Alexis Roca Castillo


Nadie sabe a ciencia cierta, cuándo, ni cómo llegó Eladio Pérez a Piedra York; algunos afirman que en el año 1954. Pedro Torres le alquiló una habitación pequeña, destinada a un familiar que solía llegar a las fiestas patronales de Santa Lucia, patrona de Piedra York. Afirman que el apelativo de “huele”, se utilizó para distinguirlo del homónimo de una persona, que ya vivía en el pueblo. Le proporcionaron una mesa pequeña, un taburete y una silla, colocó en la mesa, sus enseres; una joven morena agraciada le entregó una hamaca elaborada en San Jacinto, Bolívar. Fijamente miró a la mujer de pies a cabeza y experimenta un apetito de animal en celo. Pedro le comentó, que nunca había dormido en una hamaca, pero me tocará, a su vez le advirtió en este pueblo no hay energía eléctrica, acueducto y menos servicios sanitarios, tendrá que acostumbrase.


Los habitantes del pueblo comenzaron a especular sobre la presencia del extraño personaje. Se generaron una serie de comentarios, algunos afirmaban que venía huyendo de Panamá por haber asesinado a una mujer en un cabaret, otros que era un ladrón peligroso que se había volado de la cárcel de Barranquilla, que era una persona distinta, diferente, extraña y que había que tratarlo con cierta precaución. Decidieron realizar una reunión para observarlo detenidamente y encargaron a Manuel Carrillo y Alcides Rojas, para que vigilaran al personaje, apoyándose en la veracidad de los comentarios; se comprobó que tenía relaciones con proxenetas barranquilleros y fue acusado como corruptor de menores, supuestos delitos que no fueron confirmados.

Eladio Huele notó que en el pueblo había tres tiendas de abarrotes, dos cantinas y que sólo vendían cerveza y ron, los viernes sábados y domingos no había prostíbulos. Eladio, daba la impresión de ser una persona decente, de buen trato, educado, conversador y utilizaba expresiones rimbombantes que llamaban la atención a los jóvenes, quienes comenzaron a imitarlo y no se cansaban de escuchar sus disquisiciones. Eladio estudió la idiosincrasia de sus habitantes y decidió volver a Barranquilla, con la decisión de traer mujeres de dudosa procedencia, para que prestaran servicios sexuales a los hombres del pueblo, a cambio de dinero.

Eladio Volvió con cuatro rameras veteranas, en uso de buen retiro, dos españolas, una alemana y otra italiana, quienes se habían establecido en el barrio chino de Barranquilla. Su oficio consistía en sentarse en la puerta de las habitaciones, para esperar al cliente que por lo general eran inexpertos en el mundo sexual. Al llegar a Piedra York, las rameras fueron abordadas por una bandada de mosquitos, que descargaron sus picaduras en carne nueva, no durmieron bien esa noche y estuvieron a puntos de regresarse, pero estos insectos fueron exterminados con un roción de agua enjabonada como para calmar los ánimos.

Eladio Huele, extrajo del equipaje de las prostitutas, el perfume que más le llamó la atención, lo que permitía soltar una fragancia de olor penetrante y aromático; lo que constituyó el apelativo de Eladio Huele, por dichos aromas. Jóvenes y viejos se apilaban en el barrio chino, llamado así en Piedra York, para contratar a las rameras, después de cierto tiempo los hombres comenzaron a tener dolores en los testículos al orinar, segregación purulenta por el pene; las mujeres quedaron contaminadas por la infección bacteriana.

Las rameras con talla internacional fueron expulsadas del pueblo y tomaron las de Villadiego, con la suerte volteada que en el barrio chino, no encontraron donde quedarse. Mientras tanto la enfermedad, se convertía en una epidemia difícil de curar y solo se extermino mediante antibióticos formulados por un estudiante de medicina de la Universidad de Cartagena próximo a terminar su carrera.

Eladio Huele, regresó al pueblo, se dedicó a la zapatería, murió en el olvido y la miseria. De él se supo que había dejado una hija en Piedra York, de la cual no se conoce su nombre. Los restos de Eladio Huele fueron enterrados en el cementerio de Piedra York, el rito funerario estuvo concurrido por una multitud atraída por aromas y fragancias que salían desde el féretro, las cuales se podían oler a muchos kilómetros a la redonda.

Heladio Huele, lo sepultaron en una fosa común donde enterraban a todos los muertos de Piedra York; con el trasegar de los días acordaron sembrar un árbol de naranja, este produce bolsas secretoras que liberan fácilmente el aroma y la esencia que evocan al personaje; más adelante el lugar se convirtió popularmente en un sitio de encuentro para los enamorados. El tiempo marco un suceso doloroso producto de una explosión en Piedra York en 1998 que destruyó parte del cementerio y desapareció el olor a naranjo.

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