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“CARGA LADRILLOS” DE TODOS LOS COLORES

         "CARGA LADRILLOS" DE TODOS LOS COLORES



Por Hugo Castillo Mesino

Es un reto pensar. Por lo general reproducimos lo que otros han escrito y no visionamos la posibilidad de producir y proponer; de ahí que, Arthur Schopenhauer, en su obra “El arte de pensar”, plantea dos clases de escritores: “los que escriben para expresar algo y los que escriben ‘para escribir’. Los primeros han tenido ideas o vivido experiencias que consideran dignas de ser comunicadas. Los segundos necesitan dinero, y por ese motivo escriben. Piensan con la única finalidad de escribir”.


No es fácil decir o llamar las cosas por su nombre cuando habitamos en un país para descalificar al otro solo porque eres tú el otro y tienes que pensar con la cabeza del otro, de lo contrario te mandan al ostracismo; nos corresponde sacar a flote ese legado de compromiso histórico por nosotros y los demás, esa es la razón de escribir.


Cuando leemos, otro piensa por nosotros; repetimos simplemente su proceso mental. La tesis de maestría en Ciencia Política de Alfredo Bocanegra Varòn denominada “Diccionario de la Terminología Política Colombiana” deja enseñanzas para plasmar en este ensayo y hacer provocaciones que saquen del infortunio y de la penumbra política a miles de ciudadanos que contribuyen a elegir a representantes de todos los colores y matices políticos y son utilizados por lo general cómo “carga ladrillos” de toda clase: perforados, decorativos, huecos, macizos, refractarios, cocidos, etc.; los politiqueros saben cómo utilizarlos.


Los políticos se jactan diciendo que han conseguido muchos adeptos por sus ideas, enrumbando a los ciudadanos a que los elijan, no importándoles un bledo después al adquirir la condición de gobernantes o legisladores; en cierta forma caemos en la trampa o hacemos parte de ella. Las adhesiones son rentables para la gran mayoría de los políticos al conquistar ciudadanos entusiastas y necesitados dispuestos a gritar y agitar consignas, arengas, estribillos, vivas en favor del candidato orador y hasta lanzar improperios, especialmente en los mítines o reuniones y en algo cada vez más inusual, buscando la forma de conquistar simpatizantes 


En ese mismo escenario actúa el “carga ladrillos”, muchas veces como agitador sin la botella de agua, demostrando alegría, y cuando surge cualquier contradicción se violenta, demostrando lealtad por el político de su preferencia, “todo se vale”, con provocaciones populares como respuesta de “masas”. Estos personajes o “carga ladrillos” por lo general se encuentran en el asfalto o cesantes y apuestan a vincularse o reintegrarse como funcionario publico a cualquier precio; no hay otra opción y ven la posibilidad que su apoyo debe ser retribuido.


Alguien dijo: “prefiero morir de pie que vivir arrodillado”. Al parecer, en la politiquería esto no tiene trascendencia al observar a aquellos ciudadanos que después de encauzar una campaña política los mantienen al margen soportando las componendas o arreglos políticos con el lema: “es que no me han dado nada y hay que esperar”, amanecerá y veremos.


Aristóteles, que además de ser filosofo era biólogo, planteó que: “el hombre es un animal político”. La verdad es que no se refirió a los “bacalaos”, aquellos que van colgados en un renglón del tarjetón para ser arrastrados o de relleno y si no logran la curul tienen la opción de gobernar; de lo contario quedan colgados de la brocha o melancólicos, sin derecho al suicidio por no haber tenido la fortuna de obtener la corbata, que es una prenda estética en vía de extinción, pero que en la política tiene vida comercial en todas las esferas de gobierno.


La política y sus politiqueros tiene vida animal y se mimetiza como el camaleón, donde suelen sacar ventajas y actúan como el camandulero con embustes, hipocresías; a la larga son sofistas posmodernos y poca atención prestan cuando no esta por delante “el cómo voy yo”, llegando al extremo de decir “yo estoy por fuera de esos bochinches”, utilizando como estrategia el arte de caramelear o dilación engañosa a sus “copartidarios”. Así son muchos chichipatos prometedores o mamagallistas de oficios, claro convencidos de sus lagartos y por ser buenos domadores creen no atravesar peligros.


Los políticos de turno de todos los colores y matices tienen a su alcance los bomberos que están prestos a apagar cualesquiera divergencias que los afecte; dado que tienen claro que son sus “cargas ladrillos” de alta consistencia y resisten a cualquier temperatura política y todo lo manejan a punta de bolígrafo, temiéndole al polígrafo. Estos políticos que se lucran de los “carga ladrillos” son futurólogos y previenen a sus adeptos y simpatizantes con esta expresión: “Tranquilos que van a hacer una barrida y entras tú”. Al final se impone el clientelismo, los lentejos quedan desilusionados y se favorecen los “chanfas”, particulares de poco esfuerzo y buena remuneración, por encima de los “carga ladrillos” que metieron los hombros y dieron lo mejor en su dinámica política.  Repensar los “carga ladrillos” con dignidad y no como mercancía.

 


PUBLICADO EN EL DIARIO LA LIBERTAD DE BARRANQUILLA

MARTES 12 DE ENERO DE 2020
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