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CEGUERA POLÍTICA

                                  CEGUERA POLÍTICA



Por Hugo Castillo Mesino

El momento actual amerita hacer una ruptura de transición social y política, enmarcada en ir más allá del concepto de la crisis gramsciana en que lo que empieza a nacer no termina de nacer y lo que empieza a morir no termina de morir y, retomar la concepción de Boaventura de Souza Santos, en la cual la crisis consiste en que lo viejo muere y lo nuevo no puede nacer. Surge, entonces, unos interrogantes: ¿Será que la realidad es una construcción política-social y, a su vez, hay que pensar en una nueva realidad transformadora?, ¿O es que en lo morboso de la política no hay una crisis de autoridad sino una metamorfosis?


Se denota que existe una aspiración en los términos de establecer cambios radicales en la sociedad a largo plazo cuando las condiciones actuales demandan, por efecto de la crisis pandémica y la recesión económica mundial con manifestaciones endógenas, que de lo que se trata es de desarrollar programas mínimos que reivindiquen las necesidades básicas y urgentes de un desarrollo humano integral, y no seguir cavilando en planes estratégicos a largo e infinito plazo que profundizan más la crisis.


La ceguera política de las izquierdas y los grupos alternativos progresistas radica en que continúan realizando generalizaciones abstractas que desconocen las diferenciaciones políticas existentes entre los mismos partidos, movimientos y organizaciones y las diferenciaciones de los contextos social, económico y cultural en el seno de la sociedad y sus sectores poblacionales; cuando de lo que se trata es de aprender de los errores políticos, articular el pasado con el presente para proyectar una nueva agenda social organizada y no caer en la inmediatez mediática confrontando posiciones de forma impulsiva y no argumentativa frente a la derecha, alimentando su propio discurso y girando en torno a la dinámica que ésta diseña e impone.


De lo que se trata en el actual momento reaccionario conservador capitalista global es enfrentarlo con convicción e inteligencia, dejando rezagada la ceguera política en que estamos inmersos, construyendo una estrategia de integración política entre las izquierdas y sectores alternativos progresistas con creatividad y madurez que permita concitar y conciliar las bases y fundamentos de las identidades políticas entre las diferentes propuestas alternativas organizadas. Retomando experiencias y aprendizajes de otros países que internamente han garantizado las divergencias ideológicas y políticas para avanzar en la construcción de nuevos espacios democráticos y optar por canales y fluidos de comunicación con suficiente claridad, alcanzando acuerdos prácticos y simbólicos en la confrontación a las recetas neoliberales con el fin de hacer una ruptura a la fragmentación de las izquierdas ancladas.


Por lo general, al hacer análisis de coyuntura suele hablarse hoy del análisis de coyuntura no coyuntural y del análisis concreto de la situación concreta; pero, para el caso que nos ocupa, es que pocas veces acabamos por concretar, lo que implica preguntarnos a qué obedece este fenómeno político o será que las fuerzas de las izquierdas tienen que ser más humildes, sobre todo quienes las representan y, más ambiciosas, al mismo tiempo, dado que los resultados históricos electorales en los términos de la ganancia política porcentualmente siguen siendo exiguos. ¿O es que se les olvida que tienen que ser más humildes porque deben actuar en un mundo donde el objetivo de construir un sistema globalmente alternativo al capitalismo, al colonialismo y al patriarcado no está en sus agendas políticas? Esta situación crea un vacío. Y aquí la actitud alternativa que se reclama es, precisamente, construir horizontes donde hay abismos. Esto, si las izquierdas y sectores progresistas pretenden erigirse como "salvadores" de una humanidad que padece los efectos más destructivos de una crisis flagrante social y ambiental.


La crisis demanda construir fuerzas y políticas de izquierda y alternativas progresistas que desborden y superen en su actuación la idea tradicional de partido jerarquizado y verticalizado, que active realmente la participación y el protagonismo popular social ciudadano en la promoción del desarrollo humano integral; actuando en defensa de la dignidad humana y de la dignidad de la naturaleza radicalizando la democracia. Proceso histórico que según Boaventura de Souza, en su obra "Izquierdas del mundo, ¡uníos!", debe guiarse por dos principios: Revolucionar la democracia y democratizar la revolución, que permitan: diseñar mapas que orienten los recorridos, establecer prioridades, identificar problemas de solución urgente, construir convivencia en medio de la divergencia, crear equilibrios y mantener el diálogo permanente. Todo dentro de lo que el mismo autor denomina "sabiduría pragmática": construir alternativas reales para gobernar.


Ahora, despojémonos de los sectarismos dogmáticos que perturban la posibilidad de abrir y construir nuevos caminos con sectores afines, al margen de la ultraderecha que niega cualquier posibilidad de cambio por su accionar sedimentado en el desconocimiento de las libertades de expresión y de pensamiento, al igual que la negación de la democracia como antídoto en la regulación de la unidad con principios y en la aspiración de repensar y gobernar en las diferencias. 



PUBLICADO EN EL DIARIO LA LIBERTAD DE BARRANQUILLA

LUNES 25 DE ENERO DE 2020
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