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IMAGINARIO VIRTUAL DEL CARNAVAL

                  IMAGINARIO VIRTUAL DEL CARNAVAL




Por Hugo Castillo Mesino

El Carnaval de Barranquilla llegó cargado de brisas del Caribe desde tiempos remotos, desembocándose en el Rio Grande de la Magdalena donde se gestó un pueblo alegre y tropical llamado Barranquilla, con los colores del arco iris, con diversidad musical al ritmo de tambores y de danzas rindiendo homenaje a su realeza; a diferencia que en esta ocasión es intangible; es ahí donde observé el calendario y empecé a preparar mi disfraz al frente del computador, dado que quien lee el Bando del 20 de enero al pueblo barranquillero en la pandemia no es la reina del carnaval sino la dictadura mortal  del Covid-19.


Consulté las redes sociales y leí la prensa en mi condición de ciberusuarios para ver si me encontraba con todo ese contingente humano motivado a participar en los carnavales de una ciudad pintada por siempre de música en los barrios, en la plaza pública, en los escenarios y en cada uno de los espacios acompañado por danzas y disfraces que llenan de alegría a la ciudad; abriéndose los baúles y los closets arrinconados por arte de magia o contagiados por la virtualidad al desempolvar  capuchones aplastados, capas encogidas, lentejuelas regadas, máscaras amugadas, maquillajes descoloridos con olor a naftalina. Aquí empieza el rediseño de los disfraces, los cuales se hacen, rehacen o se reinventan. Abrí otra página de Google y me deleité al observar cómo se diseñan las carrozas, máscaras que se retocan o surgen nuevas máscaras, entre ellas la del infernal virus y los instrumentos musicales propios del carnaval con un poco de retoque.


Los días avanzaron mientras me mantenía en mi residencia como sinónimo de libertad, dado que las calles son unas cárceles que te pueden sepultar sino te cuidas. Me levanté temprano; era el primer viernes del carnaval y, lo primero que hice fue prender el equipo de sonido y me encontré con “Te olvidé”, uno de los himnos del carnaval; tomé el  computador con el móvil al lado y compré en línea los insumos que demanda este espectáculo desorbitante, máxime cuando vivo a una cuadra de algunos desfiles  y  se desborda el gentío; continué consultando varias páginas en internet y reviví aquellos carnavales sin bioseguridad y los perfiles que desde las casas los paisanos, sin distingo alguno, festejaban dejándose arrastrar por la creatividad, mientras crecía el desorden organizado por la red entre nostalgia y alegría; estaba ante “La Guacherna”.


Recordé hace un año que eran las seis de la tarde y no podía llegar a mi residencia, contigua al barrio Boston, por donde pasa “La Guacherna” desbordada en la carrera 44, testigo de farándulas, gritos, vivas, sonidos estridentes de los picós, con carrozas animadas por la publicidad comercial, con la música de “La Guacherna” de Esthercita Forero hasta una variedad musical mundial que incluye champetas, sambas brasileras, salsa y sones cubanos. En el imaginario virtual del carnaval alcancé a leer en la caja de comentarios que el éxito del carnaval dependía de que entráramos a Facebook Live y hacer el carnaval acorde con todas las comodidades del caso, sin ninguna restricción y posible erogación.


El primer viernes de carnaval está inmerso en el imaginario colectivo.  “La Guacherna”, definida como una noche del super desorden organizado, poseída de locuras y de todas las expresiones folclóricas que puedan parirse en el Carnaval; “La Guacherna” es una procesión, desfile, plantón rodante o manifestación sin derecho de pliegos de peticiones, integrada por cumbias, comparsas, danzas, etc. 


“La Guacherna” es la invitación a los vecinos, amigos, forasteros, a los amores y a la familia, cuya participación es vivir la música de todo el mundo, agitar las palmas, lanzar gritos de alegría y cantar con la música de Esthercita Forero: “La Guacherna, la Guacherna en Carnaval”; es el motor que arranca y sirve de antesala y de entrenamiento a los que danzan y se preparan para la Batalla de Flores, la Gran Parada y otros espectáculos propios del carnaval. Ahora corresponde reinventarnos desde los espacios temporales el cómo convertir los cuartos de casa en los camerinos para preparar disfraces y maquillajes, crear las salas como pistas bailables, preparar la nevera con las “voladoras”, desde el whisky hasta el “ron chirinche”, con un sancocho real o buscar por las páginas web un exquisito plato virtual.


La crisis por la que atravesamos abre la posibilidad de sumergir o emerger y hay que optar por ser superior a este reto. Como buen caribeño tenemos que aflorar que existimos por atrevernos a ser diferentes y no amilanarnos ante las dificultades. Está al orden del día que en el imaginario virtual en el carnaval repensemos en las redes sociales con creatividad, evidenciar lo que significa ser caribe desde la criticidad o el pensamiento crítico. ¿Cómo desnudar la realidad ante una nueva “Batalla de flores?, con ideas ante los que no nos dejan dormir, pero tampoco levantar. Este debe ser el imaginario virtual del carnaval.



PUBLICADO EN EL DIARIO LA LIBERTAD DE BARRANQUILLA

LUNES 8 DE FEBRERO DE 2020
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