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PIEDRAS LLENAS DE AMOR

                               PIEDRAS LLENAS DE AMOR



Por Hugo Castillo Mesino

Al leer “Las piedras están cansadas” del comunicador social y editor Alfonso Ávila Pérez, surge la pregunta: ¿Estamos navegando sobre una novela o un cuento? Revestido de técnicas un asunto o tema, personajes, espacio, tiempo atmosfera, ambiente, velocidades narrativas, las cuales están inmersas en ambos géneros o tal vez es un hibrido que complejiza y cursa nuevos horizontes en el arte literario y nos seduce a revivir cada uno de los momentos del personaje autobiográfico con una adolescente, “Berta Lucía”, donde plasma en más de un centenar de páginas una historia amorosa que conjuga el pasado que es presente y el presente que es pasado.


Ávila en su obra nos hace recordar el primer beso adolescente que se convertía en un poema, que produce una metamorfosis y destaca palabras embriagadas y sedientas de amor, como aporte esencial para estudiantes, profesores, padres de familia y para los amantes creadores de mundos y plurimundos de la literatura; así se introduce el autor por los laberintos de los amores de Bertha Lucía y su pretendiente, retomando a Rafael Orozco con “Muere una flor” y se sumerge con un verso “me duelen tus ansias de amor…”


Los amores de Bertha Lucía y el estudiante de la secundaria, contiguo a los internados, donde empezó a fusionarse la cultura rural del adolescente de origen campesino y la diosa de cultura urbana; donde las señales perforaban los ventanales contiguos provocando insinuaciones que hacían al adolescente dormir boca abajo como presagio y cambio de rutina, pero a la vez significaba el cambio de la niñez a la pubertad. 


Los amores de los adolescentes trajinan por los oídos de los profesores, uno de ellos, Gutiérrez, un guía espiritual y sentimental que, inclusive llamaba a relación al estudiante de secundaria diciéndole: “La vida todos los días experimenta cambios, tú eres la vida y en ti los cambios se están dando todo el tiempo”. Continuaban las cartas de ida y vuelta invocando a Julio Flores con la complicidad de la triada de Eufemia, Dalila y Bertha Lucía que se sumergía en los poemas de Juan de Dios Peza. 


Al adolescente la clase de filosofía grecolatina lo hizo trasladar a la verdadera diosa que no dejaba de contemplar y aprovechaba los gritos en el recreo con miradas tenues y poemas que alimentaban la libido distante. Ávila retoma en su libro la musicalidad vallenata del Chiche Maestre con “Universo de besos”: “Yo nací con este corazón tan enamorador, indomable y sin nombre…”. Era la respuesta volitiva, hoy, para Bertha Lucía a quien invitaba a la matiné principal a ver la película “La magia del celuloide”. Terminaba comparando a Bertha Lucía como una mariposa posando sobre una flor y sembrando los deseos para después embriagarse de éxtasis.


El profesor Gutiérrez era una especie de control remoto que sabía todo antes de suceder; luego preguntaba: “¿Por qué llegó tarde al internado? ¿Estabas en cine? Se percibe un olor a cerveza y a cigarrillo”.  El autor de “Las piedras están cansadas” con su inclinación musical se apoya en Jesús Leonardo Rincón: “De niña a mujer té deseo todo un mundo de tanto amor”, aunando la condición de Bertha Lucía y de Rosendo Romero “Me sobran las palabras”: “Qué hago yo sin tus lindos ojos”; era niña-mujer y tenía unos ojos verdes que se confundían con la naturaleza que abrigaba su amor.


La alta esfera social urbana en que fue sometido el adolescente de origen campesino de los Montes de María no lo detuvo, ni el Golpe de Estado que atentó contra la democracia dando origen a la dictadura, las torturas; mientras el amor seguía vivo, como la canción de Hernando José Marín Lacouture “La creciente”: “Por la que me desespero y pierdo la cabeza”.


El amor de los dos tomó otra ruta; no era el cine, sino Turbaco, contemplando el paisaje y buscando tranquilidad y refugio de amor con una duda más afirmativa que negativa. Bertha Lucía se mantenía temerosa al no encontrar bus para regresar, más bien con el miedo a su padre, quien era una especie de incomprensión a diferencia de su madre amiga; mientras Estebana encubría sus delirios orgásmicos con la versión de Diomedes Diaz “Te quiero mucho”: “Yo quiero hablar contigo más adelante…”. Le tocó al adolescente hablar con la madre de Bertha Lucía, habiendo consultado primero al Chamán, al oráculo, a su abuelo quien le dijo: “Domina ambas situaciones, no le digas toda la verdad, solicita para visitarla, como amigo o enamorado, pero primero hablas con ella y acuérdate de la estrategia del lirismo, amor platónico”. Referenció al profesor de Biología; se leyó “La María”, “La vorágine”, y “El Mio Cid”. Después optó por decir lo que le nació. Al final, el profesor Gutiérrez le dijo: “En qué otro lio te volviste a meter este fin de semana; pero, contaste con suerte”. Repensar los amores de los adolescentes es una tarea de todos.



PUBLICADO EN EL DIARIO LA LIBERTAD DE BARRANQUILLA

LUNES 1 DE FEBRERO DE 2020
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