«Dibújame en la cama. Como cuando no importaba nada» Marcela Rueda Ruiz. Fábrica de recuerdos (2025).
Cuando te invitan a tertulias nebulizas neuronas, sacas el lienzo imaginario, pincel en mano, dibujas el altar literario, mientras el espíritu vuela buscando compartir el trasegar de la tarde noche, con olor a letras y sabor poético. Las miradas se estrellan en la brillantez de saludos, educando oídos al deleite del «Café Cultural- Barracuda» con su «Espada Encendida» «Obra literaria de Pablo Neruda» donde deleite un capuchino barracuda y una voladora con el profesor e historiador Alexander Vega Lugo, quien con sus líneas contribuyó en este viaje literario.
Una vez más, la calurosa tarde noche barranquillera se vistió de poesía en el espacio creado para mostrar toda su potencia transformadora del mundo mediante palabras. En «La Espada Encendida», lugar poético liderado por el escritor y vate, Harold Ballesteros, hombre de letras, quien presentó a Marcela Rueda Ruiz, trabajadora social de profesión, bogotana, reside en Barranquilla y no para de escribir con el influjo y la magna complicidad del río Magdalena.
Pero más allá de esa actitud genuinamente filantrópica, su vida, mostró abrazar una sublime vocación: la poesía. Esta pasión singular por el poetizar la interesó en tomar talleres con la Casa de Poesía Silva, en la capital del país.
«Fábrica de Recuerdos» Es una obra que abarca diferentes estilos, predominando el verso corto, combinado acertadamente con versos un poco más extenso, resaltando momentos y hasta el uso del “Haiku” «poema breve» que describe un momento de la naturaleza o de la vida cotidiana» aunque sin permanecer en su regla estricta permitiendo que las imágenes inmersas y otras evidentes en cada poema puedan ser digeridas por lectores comunes y especializados.
Marcela afianzaba su palabra con voz dulce y sonora donde los poemas seducían, dejando a los tertulianos fascinados, que la poetisa volvía a leer por su encanto degustativo; era el lenguaje de la pasión, del amor, la ternura, el erotismo... En esa línea de consonancia y belleza de la palabra, leyó: «Código genético de la tristeza» “En el juicio final solo se pesarán las lágrimas”- Emil Cioran. Prosigue Marcela: Cuando llora bebe sus lágrimas y tiene sed de él. Pero son saladas y da más sed. Y la sal de su sexo y sus lágrimas saben a soledad. Y se masturba. Y escucha a Carol King…
Quienes la escuchamos nos deleitamos con la fuerza de sus palabras, de sus poemas, de sus libros. Algunos de ellos están dotados de un refinado erotismo que lograron conmover la sensibilidad del público asistente, provocando un generalizado júbilo: “Fui pecadora cundo nos amábamos en viernes santo. Mea culpa mea culpa. Tú semidiós. Comías y bebías el pan y el vino de mi cuerpo. Estás salvado”.
Se requiere una dosis de locura creativa como la de Marcela, para que algunos de sus poemas no lleven nombres, siendo tarea del lector, apellidarlos. Veamos: Siempre tengo el pie en el acelerador. Todo lo hago rápido. Menos el amor. Siguen devorando las páginas de «Fabrica de Recuerdos» «SantaBárbara. Editores.» Empatía. Ella lame mis lágrimas. Huele mi tristeza. Mueve su cola pesarosa. Ladea su cabeza. Me mira con esos ojos tibios… Y lo entiendo todo.
El calor de la noche se confundió con el fuego de su verbo poético cargado de toda esa fuerza erótica y estética capaz de conjurar la muerte y el tedio. Sus palabras son un tributo a la belleza que aún es posible descubrir en el mundo: “Un encuentro y las ganas de cometer el amor. comienza la fiesta. Y hacemos el brindis. El rito iniciático.
Vale la pena seguir asistiendo a este espacio cultural que, indudablemente, permite enriquecer nuestra vida espiritual, atributos necesarios en una sociedad urgida de mejores seres humanos. Pero, sobre todo, porque cada invitado, como Marcela Rueda, mediante su oficio de poetizar, son ejemplos de cuán importante es llevar una existencia poética, dedicada a recrear el mundo con la belleza de las palabras que brotan del fondo del corazón. De manera breve, de lo que se trata es de llevar vidas poéticas que inviten a disertar sobre mundos de letras sin negarse a sí mismo…

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