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¿DERRIBAR ESTATUAS ES NEGAR LA HISTORIA?

        ¿DERRIBAR ESTATUAS ES NEGAR LA HISTORIA?


Por Hugo Castillo Mesino


 

Pensar históricamente es reconvivir con uno mismo, sin desconocer la realidad del otro. En este ejercicio nos preguntamos: ¿Derribar estatuas es negar la historia? Dado las variables que se desprenden de la formulación o provocación académica en el marco de los acontecimientos globales al destruir iconos, monumentos o estatuas, donde no se escapa la de Cristóbal Colón en la ciudad de Barranquilla e inscrita en Paro Nacional. Ahora, corresponde extrapolar lo planteado por el filósofo Robin G. Collingwood en su obra “La idea de historia” cuando afirma: “Mi contestación es que la historia es ‘para’ el autoconocimiento humano… Conocerse a sí mismo significa conocer, primero, qué es ser hombre; segundo, qué es ser el tipo de hombre que se es y, tercero, qué es ser el hombre que uno es y no otro…”; lo fundante en el autor es que no debe confundirse entre "un proceso natural, en el cual el pasado muere al ser reemplazado por el presente y un proceso histórico, en el que el pasado, en cuanto es históricamente conocido sobrevive en el presente". 


Retomando a Javier Guerrero y Olga Acuña en su texto compilatorio “La enseñanza de la historia en el sistema escolar: antecedentes y situación actual”, plantean que el recuento de la Colonia omite la historia de la esclavitud, del maltrato a los indios, de los procesos de dominación y opresión social o política, el uso de la religión para justificar las jerarquías sociales, y reitera una visión hispanista y elitista, así como la valoración del orden y la autoridad; cabe recordar que la época republicana se caracteriza por hacer apologías a presidentes que hacen caminos, impulsan ferrocarriles o líneas telegráficas y, en cierto modo, son todos buenos, impulsando esta concepción.

 

Después de la Constitución de 1991, las tendencias avanzadas siguieron predominando en el Ministerio de Educación; es esencial evitar y caer en la tentación de volver a la historia heroica, intentando usar la historia para crear en los estudiantes formas de reverencia hacia héroes y personajes y para darles guías acerca de los valores que deben adoptar para su conducta presente. 

 

Jorge Orlando Melo,  historiador, en su artículo “El fin de la Historia”, publicado en El Tiempo, considera que, los profesores, en teoría, en vez de preocuparse de que los estudiantes conozcan, a partir de diversas versiones y fuentes, los procesos que llevaron, por ejemplo, a la violencia o a la independencia, deben buscar formar competencias para que “los y las estudiantes” aprendan a “respetar los valores e identificarse con el grupo social al que pertenecen” y otros temas que no es fácil desarrollar con orden y seriedad en las clases; de lo contrario, se produce una fragmentación de temas y un caos que se reemplaza con retórica bien intencionada, para cambiarlas por materias más estructuradas y ordenables.

 

La Ley 1874/2017  en su objeto consagra restablecer la enseñanza obligatoria de la Historia de Colombia como una disciplina integrada en los lineamientos curriculares de las ciencias sociales en la educación básica y media, con los siguientes objetivos: a) contribuir a la formación de una identidad nacional; b) desarrollar el pensamiento crítico sobre los procesos históricos y sociales en el país en el contexto mundial; c) Promover la formación de una memoria histórica que contribuya a la reconciliación y la paz en nuestro país.

 

William López Rosas, doctor en historia del arte y coordinador académico de la maestría en Museología y gestión del patrimonio cultural de la Universidad Nacional, en su disertación sobre “Iconos y monumentos, otras miradas para entender la crisis”, sostiene que los movimientos sociales son creativos frente a las narrativas conservadoras y la urgencia e importancia de hacer una relectura del espacio urbano y la monumentalidad pública. Antes de la Constitución de 1991, las mayorías de estas estatuas o monumentos fueron instaladas en espacio públicos por las Sociedades de Mejoras y Ornatos, con una perspectiva decimonónica y, en muchos sentidos, muy conservadora, racista, homofóbica, machista, patriarcal de nuestra historia en sus diferentes momentos históricos; obviándose conscientemente que nuestra sociedad es transcultural y multicultural.

 

Son muchos los retos que suponen estos procesos de construcción y desconstrucción de la memoria histórica; para López Rosas, las secretarías de cultura, los institutos de patrimonio, las direcciones de patrimonio, del ministerio de cultura, al nivel departamental, municipal, distrital tiene grandes retos; este tipo de institucionalidad ha estado muy abandonada, muy atrasada, amerita una relectura importantísima, no solo del espacio urbano, sino en general de la monumentalidad pública.

 

Trabajar en los procesos de resignificación de esos monumentos, implica que no puede ser posible que en Colombia sigamos pensando que quien actúa políticamente en el espacio público provenga de los grupos políticos amarrados a la clase política tradicional; no son actores políticos legítimos. Las Universidades y los departamentos de historia deben impulsar espacios resignificativos sobre la historia. Repensar: ¿Derribar estatua es negar la historia? Uti possidetis iuris o uti possidetis de facto.


PUBLICADO EN EL DIARIO LA LIBERTAD DE BARRANQUILLA

LUNES 6 DE JULIO DE 2021
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