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LOS RIESGOS DEL NUEVO GOBIERNO

       LOS RIESGOS DEL NUEVO GOBIERNO

Por Hugo Castillo Mesino

«¿Qué ocurre cuando un pueblo deja de confiar no solo en sus gobernantes, sino también en los límites y procedimientos que sostienen la vida ciudadana?» Humberto De la Calle.

Llama la atención que el abogado Humberto de la Calle  con experiencia en asuntos públicos, derecho constitucional y reflexión política, marca como autor su interesante obra «La democracia fatigada. Miedo, revancha y futuro: de Petro a De la Espriella» fue ministro de gobierno, actuó a nombre de Colombia en la Asamblea Constitucional que expidió la Constitución de 1991, además de haber sido jefe de la delegación del gobierno para la negociación con la «FARC» y la firma del «Acuerdo Final».

De la Calle nos habla de los riesgos del nuevo gobierno y literalmente los enumera para una mayor comprensión. Parafraseándolo señala que el «Primer riesgo» es el triunfalismo restaurador. Quienes interpreten la elección como vinculación total de la vieja derecha y estarán leyendo mal a la sociedad; Colombia es más que desigual, históricamente desconfía hasta de sí mismo, saturado de clientelismo. De la Calle sintetiza como una «Democracia fatigada»; el nuevo gobierno no puede corregir el tono de la oposición y pensar que todo se resuelve a punta de «Milagros»

El «Segundo riesgo» es el endurecimiento reactivo. Toda coalición que llega al poder después de un ciclo de polarización puede sentirse tentada a gobernar desde la revancha, sería desastroso; el gobernar no implica revanchas, sino ser alternativo y propositivo, es un discurso desgastado. A la «Oposición» hay que tratarla como lo establecen los preceptos constitucionales y no como fuerza ilegitima, se les olvida a Abelardo que esa categoría es asimilable a su “elección” primer mandatario.

El «Tercer riesgo» es la captura por las viejas maquinarias. Una candidatura de contención puede ganar con discurso republicano y luego quedar atrapada por la necesidad práctica de gobernar con el Congreso, con clanes regionales, con Partidos de estructura débil y con operadores acostumbrados al intercambio; las viejas maquinarias están aceitadas después de cuatro años de Petro, para seguir con sus prácticas clientelares, burocráticas para desangrar el presupuesto, unidas al Congreso mayoritario mermelado, que no arruga la cara para negar los logros del gobierno Petro. Eso es un peligro mayúsculo. La legitimidad moral de su triunfo se erosionará a gran velocidad y la mermelada desbordara el rio de la corrupción.

El cuarto riesgo es el inmovilismo social. Defender la democracia liberal no equivale a consagrar la indiferencia frente a la desigualdad. Si el nuevo gobierno cree que basta con proteger jueces, respetar al Congreso y moderar el lenguaje para estabilizar al país, cometerá un error de época; la democracia necesita producir justicia visible, el pueblo no le puede pedir paciencias a los de «Siempre» que después del saqueo y abandono social aparecen como «milagrosos» La sociedad ya no acepta que la autoridad sea excusa para la ceguera social y mental.

El «Quinto riesgo» es el voluntarismo punitivo. Parte de la base que llevó a Abelardo al poder espera orden y seguridad. Esa demanda es ilegítima. La historia colombiana enseña que la respuesta puramente muscular, sin política social, sin inteligencia territorial y sin reconstrucción institucional; producen alivios parciales y costos altos. ¿Cómo va Abelardo a diferenciarse de la paz total y mostrar firmeza frente a actores armados?; ¿Cuando se ha demostrado lo contrario, el fenómeno de los grupos subversivos y otros no ha sido posible exterminarlos a través de la vía armada?

Retomando a De la Calle, la gran pregunta, ahora es. ¿Si De la Espriella fue elegido como límite? ¿Pero es un límite que mira con un solo ojo? Limita y frena el desvarío petrista. ¿Pero no puede terminar, dada su retórica tan abrasiva en materia de seguridad, el cierto desprecio por los derechos, la impaciencia, provocando la necesidad de un nuevo límite para el otro ojo?

Abelardo ha convertido su presidencia en una simple inversión del antagonismo petrista, es decir trata a la izquierda como enemigo y legítima el Estado como arma cultural y confunde firmeza con humillación del vencido; como dice Marx «Todo lo solido se desvanece»  

PUBLICADO EN EL DIARIO LA LIBERTAD DE BARRANQUILLA

LUNES 21 DE SEPTIEMBRE DE 2026
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