EL CANTAUTOR PROLÍFICO
Naudín: me has dejado impávido, impertérrito, como navegando en el aire. ¡Qué maravilla de narraciones! Cuando leí el primero, me dije al llegar a las tres palabras finales: “Imposible que el siguiente sea tan bueno, pues ésta ha debido ser una chiripa…”, pero qué va, me equivoqué… y por favor, que me siga equivocando. David Sánchez Juliao
En la tertulia del día sabado en la «Espada Encendida» que dirige el poeta Harold Ballesteros, presentó al novelista Naudin Gracián Petro, escritor colombiano, cantautor y docente de literatura en la Educación Secundaria y Universitaria, autor de 17 libros entre novelas y cuentos; sus narrativas, habladas y escritas son historias novelescas y llenas de certezas, que llegan a los adentros y salen con vidas por donde hemos transitado. Son contextos con vigencias sin que Naudin se lo proponga, es la creación hilando casos, anécdotas, historias, sentimientos que con su pluma plasmas sobre las páginas de un ayer vivido, que se convierte en el hoy, pensado y valorado.
Después de haber escuchado con la paciencia del alma la disertación del cantautor prolífico donde leía apartados relevantes de sus obras haciendo uso del profesor didacta, sin perder de vista su condición de actor; su valiosa intervencion termino con sendas canciones que transitan por su producción literaria deleitando a los asistentes e intervinientes que lanzaron preguntas que contribuyeron a consolidar más su perfil prolífico.
Lancé miradas y me acerque al stand donde se exhibía parte de su producción y seleccione: «La senda de la muerte» que narra un estudio de caso y transmite por su condición de docente: “Profesor Marín avisó la secretaria al rector desde de la puerta de la oficina. Lo busca la señora Dolores Castaño dice que viene por lo de su hijo. El estudiante Weimar Vélez Castaño”.
Esta vez Weimar ha sobrepasado los límites de la institución. La señora Castaño “otra vez la misma cantaleta según usted, todo lo malo que pasa en este colegio es culpa de mi hijo ya estoy cansada de lo mismo”. Interviene la profesora y el rector: “Su hijo tiene un largo historial de falta grave en la institución, usted sabe que él estuvo implicado en el robo de unos computadores. Reposta la madre de Weimar: “Eso no me lo creo yo” La profesora: acá viene de lo más tranquilo a chatear… Incluso algunos compañeros dicen que llega bajo los efectos de sustancias adictivas. Sustancias que preguntó la madre. Drogado para ser exactos.
¿Por qué llamaron a mi mamá? Porque usted ha sido expulsado joven, habló la profesora. Weimar: a mí el que me la hace me la paga, cállese vieja sapa. Mientras Weimar se va observando la ventana, la madre filmó los papeles de expulsión. “Ustedes dos pares de buitres del salón, se van a arrepentir y de eso me voy a encargar yo”. “La senda de la muerte” con Weimar a bordo: permitió rememorar mi condición de exrector donde los estudios de casos de esa naturaleza son comunes; olvidándose los padres que no basta solo matricular a sus hijos.
Luego deguste las páginas de «Podene» es la historia de un niño, que al parecer le temiera a la gente, un poco, los adultos no logran comprenderlo y suelen preguntarle en que grados estás y de ahí no pasan… Pero en el fondo Podene no era solitario. A Podene lo asediaban pensamientos terroríficos al sentirse acorralado por un oso o un tigre; sus pensamientos deseaban que en verdad hubiera sido un tigre el que hubiese llegado. «Estos muchachos de ahora no sirven para nada, que aguante va a dar una tumba por dormilón» Mientras seguían en mente «Tabardillo, Podene va a la escuela, El monstruo oscuro, En silencio el perro…»
El prologuista Alejandro Linares Camberos en el «Espejo de agua» Titula: “Una novela que nos refleja” en el apartado introductorio inscribe su lectura sobre la obra de Naudin Gracián: “Una sociedad que observa sus reflejos con honestidad en un espejo que es su historia. Una obra de ficción que tiene la capacidad de revelar aquello en lo que preferimos no pensar, aquello que evitamos nombrar y que, sin embargo, no deja de habitar entre nosotros.”

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